Pasos de fe


Mateo 14:28-29 "
28 Entonces le respondió Pedro, y dijo: Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas. 29 Y él dijo: Ven. Y descendiendo Pedro de la barca, andaba sobre las aguas para ir a Jesús."

El mar de Galilea, es un lago de agua dulce que está a más de doscientos metros bajo el nivel del mar y rodeado de colinas, es propenso a sufrir tormentas repentinas y violentas, el viento desciende por los valles como un embudo, creando un caos en cuestión de minutos, imagina la escena: es la cuarta vigilia de la noche, el momento más oscuro antes del amanecer, los discípulos, muchos de ellos pescadores experimentados que conocían esas aguas, están aterrorizados, luchando contra olas y vientos contrarios.

La barca, aunque sacudida con violencia de un lado a otro, representa su única seguridad, es su zona de seguridad, su refugio conocido frente a lo que no pueden controlar, de repente, en medio de la desesperación, una figura se acerca a ellos caminando sobre las olas, al principio gritan de terror creyendo ver un fantasma, pero luego escuchan una voz conocida: "¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!".

Mientras la gran mayoría de los discípulos se aferra con fuerza a la madera de la barca, Pedro decide que estar cerca de Jesús que es mucho más seguro que cualquier barca construida por manos humanas, incluso si eso significa tener que caminar sobre las aguas.

La verdadera fe no consiste simplemente en creer que Dios puede hacer algo impresionante; es la audacia de querer participar en lo que Él está haciendo, Pedro hace una petición: "Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.", Pedro no salta de la barca impulsado por su propia voluntad, Él espera una palabra del Maestro.

A veces, en nuestro deseo de ver milagros, cometemos el error de adelantarnos a los tiempos de Dios, la fe que realmente nos sostiene es aquella que responde obedientemente a Su voz, cuando Jesús pronuncia una sola palabra: "Ven", esa invitación contiene en sí misma todo el poder y la autoridad necesarios para sostener el peso físico de un hombre sobre un elemento líquido, la fe de Pedro no alteró la composición del agua; su fe se aferró a la autoridad absoluta del Creador del agua.

Meditemos en el instante físico de levantar la pierna, pasarla sobre el borde de la embarcación y poner el pie sobre la superficie del mar oscuro, sin duda, ese es el paso más difícil de todos, la barca.

En nuestro diario vivir, nos enfrentamos a decisiones de esta magnitud, ya sea que estemos emprendiendo algo nuevo en el ministerio, gestionando recursos, o dando el paso de perdonar a alguien cuando la herida aún duele, quedarse en la barca es siempre la opción más racional; salir exige fe que está apoyada en las promesas de Dios.

Al dar ese paso valiente, Pedro experimenta algo nadie más pudo vivir: el milagro de caminar sobre las aguas, quienes nunca arriesgan su comodidad difícilmente conocerán el poder de Dios operando en sus vidas.

Oremos: Amado Padre, te damos gracias porque Tu palabra es nuestro fundamento más seguro en medio de cualquier tormenta, danos la valentía para salir de nuestras zonas de comodidad cuando nos llames, ayúdanos a mantener nuestros ojos fijos en Ti y no en los vientos contrarios que nos rodean, y si alguna vez comenzamos a hundirnos por la distracción, gracias por la promesa de que Tu mano de gracia siempre estará allí, lista para levantarnos, corregirnos con amor y caminar a nuestro lado de regreso a la paz, en el nombre de Jesús, Amén.

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Dios te bendiga

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