Orad sin cesar
¿Cómo es posible mantener una oración constante mientras trabajamos, cuidamos de nuestra familia o incluso mientras descansamos? La respuesta no está en una repetición interminable de palabras o en vivir de rodillas, sino en cultivar una disposición permanente del corazón.
Orar sin cesar es hacer que la oración deje de ser un momento en nuestra agenda para convertirse en la atmósfera en la que vivimos, en este punto la oración deja de ser un deber religioso.
Imagina por un momento la tecnología actual que utilizamos, valoramos estar siempre conectados; nuestros dispositivos se sincronizan silenciosamente en segundo plano, actualizando información y manteniéndonos al día sin interrupciones, de manera espiritual, orar sin cesar es mantener el "Wi-Fi" de nuestra alma siempre encendido, enlazado de forma directa al Padre celestial.
A lo largo de los Evangelios, Jesús modeló esta sintonía perfecta, aunque se apartaba a lugares solitarios en la madrugada para tener intimidad exclusiva con Dios, su caminar diario, sus respuestas compasivas a las multitudes y sus milagros asombrosos brotaban de un diálogo interno continuo con el Padre, para nosotros, esto significa que podemos hablar con Dios mientras conducimos en el tráfico, mientras preparamos un mensaje, o al tomar una decisión difícil en medio de la presión, un sencillo "Señor, dame sabiduría en este instante", o un suspiro profundo que dice "Jesús, confío en ti", son expresiones espiritualmente poderosas, esta práctica constante derriba por completo el muro entre lo secular y lo sagrado; de repente, cada detalle de tu rutina diaria se convierte en un espacio santo donde Dios está obrando activamente.
El propósito de la oración constante no es necesariamente cambiar las circunstancias externas que nos incomodan, sino transformarnos a nosotros mismos desde adentro hacia afuera, hay una frase que dice: "La oración no siempre cambia a Dios, pero cambia a quien ora".
No se requieren oraciones impecables para acercarnos a nuestro Creador, a veces, la oración más elocuente y poderosa es un clamor silencioso, una lágrima, o simplemente pronunciar el nombre de Jesús, mantener esta línea abierta con el Cielo nos recuerda que no estamos solos en la batalla, Dios no es un espectador lejano que observa tu lucha desde la distancia; Él camina a tu lado, sosteniendo tu mano.
Orar sin cesar es la invitación a caminar del brazo con Dios
Oremos: Amado Padre, te damos infinitas gracias porque tu oído siempre está atento al clamor de tus hijos. Enséñanos a vivir en una dependencia total y absoluta de Ti, que cada una de nuestras respiraciones sea una alabanza continua y cada pensamiento un puente indestructible hacia tu dulce presencia. Transforma nuestro interior, renueva nuestro vigor físico y espiritual cuando nos sintamos desfallecer, y cólmanos de tu esperanza inquebrantable. Queremos caminar contigo cada segundo. En el poderoso y amoroso nombre de Jesús, Amén.
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Dios te bendiga

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