Jehová pelea por ti
Éxodo 14:14 "Jehová peleará por vosotros, y vosotros estaréis tranquilos."
El mayor triunfo del enemigo no es la prueba en sí misma, sino convencernos de que estamos luchando solos, cuando el rey Josafat se enteró de que una gran multitud venía contra él y su pueblo, su primera reacción fue el miedo, es una respuesta natural frente al peligro, pero no se quedó con el miedo, sino que volvió su rostro para consultar a Dios y reunió al pueblo para buscar ayuda de Dios.
La respuesta que recibió de parte del Espíritu a través de Jahaziel fue poderosa: "No temáis ni os amedrentéis delante de esta multitud tan grande; porque no es vuestra la guerra, sino de Dios" (2 Crónicas 20:15), hay batallas en tu vida que simplemente no te corresponden pelearlas, el estrés, la ansiedad y el agotamiento vienen de nuestro intento de pelear guerras para las cuales no fuimos diseñados, reconocer que la guerra es de Dios es el primer paso para recuperar la tranquilidad.
El mundo nos enseña que para ganar debemos movernos más rápido, gritar más fuerte y trabajar hasta el cansancio, pero el Reino de los Cielos funciona de manera diferente, en Éxodo 14:14, la instrucción que Moisés da al pueblo de Israel mientras tienen al ejército de Faraón a sus espaldas y el mar frente a ellos es sorprendente: "Estaréis tranquilos".
Estar tranquilos no es un llamado a la pasividad o a la resignación, es una postura de fe activa, significa silenciar las voces del pánico en nuestra mente, renunciar a la necesidad de tener el control de cada situación y rendir nuestras estrategias humanas a los pies de Dios, cuando dejamos de movernos tratando de salvarnos a nosotros mismos, le damos espacio a Dios para que haga un milagro, la quietud es la manifestación externa de una confianza interna de que el Creador del universo está obrando a nuestro favor.
Si estudiamos la historia de Josafat, encontramos una de las estrategias militares más irracionales desde una perspectiva humana: pusieron a los cantores al frente del ejército, antes de que se desenvainara una sola espada, el pueblo comenzó a alabar la majestad y la santidad de Dios, cantando: "Glorificad a Jehová, porque su misericordia es para siempre" (2 Crónicas 20:21).
La alabanza cambia el enfoque, quita nuestros ojos de la magnitud del problema y los fija en la magnitud de nuestro Dios, cuando alabamos en medio de la tormenta, estamos declarando proféticamente la victoria antes de verla manifestada, la Escritura dice que cuando comenzaron a alabar, Dios puso emboscadas contra los enemigos, y ellos mismos se destruyeron, tu alabanza genuina en tiempos de dificultad es un arma espiritual letal que desestabiliza las tinieblas y desata la intervención divina.
Cuando Dios pelea por nosotros, el resultado es la abundancia y la paz, después de que los enemigos de Israel fueron derrotados en el valle de Beraca, el pueblo tardó tres días en recoger el botín, lo que estaba destinado a destruirlos se convirtió en una fuente de bendición y provisión.
Ese es el Dios al que servimos, Él es especialista en tomar las situaciones más oscuras, los ataques más feroces y las pruebas más dolorosas, y darles un giro para nuestra bendición, aquello que el enemigo planeó para tu ruina, Dios lo usará para tu crecimiento, para forjar tu carácter y para darte un testimonio que edificará a muchos otros.
Oración: Padre Santo, hoy reconozco que muchas veces me agoto tratando de pelear batallas que te pertenecen a Ti, te entrego mis cargas, mis miedos y mis frustraciones, enséñame a estar tranquilo, a confiar en Tu poder absoluto y a levantar un canto de alabanza incluso antes de ver el milagro, gracias por ser mi escudo, mi defensor y mi victoria, en el nombre de Jesús, amén.
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Dios te bendiga

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