Ríos de agua viva en el desierto
Jesús pronunció estas palabras durante la Fiesta de los Tabernáculos (Sucot), durante los primeros siete días de esta celebración, los sacerdotes realizaban un ritual conocido como la libación del agua, descendían al estanque de Siloé con un cántaro de oro, sacaban agua y marchaban de regreso al templo en medio de coros y trompetas, para derramarla sobre el altar, pidiendo a Dios la lluvia para las cosechas y recordando cómo Él proveyó agua de la roca en el desierto con Moisés.
Pero el día en que Jesús habló fue el "último y gran día de la fiesta", según los registros históricos y las tradiciones judías, en este octavo día no se derramaba agua, había un silencio ritual, es exactamente en ese momento, cuando Jesús se pone en pie y alza la voz, Él estaba declarando: "El ritual ha terminado, la sombra ha pasado, yo soy el agua que han estado esperando".
Jesús no ofrece un estanque, ni un pozo, ni una cantimplora para sobrevivir a duras penas, Él promete ríos de agua viva.
El "agua viva" se refiere al agua de manantial, agua que corre, que fluye, que está en constante movimiento, el agua estancada depende de la lluvia externa para reponerse, se corrompe con facilidad y no tiene fuerza, pero un río que fluye desde un manantial interno es inagotable, su fuerza no depende del clima, sino de la presión de la fuente subterránea.
Cuando el Espíritu Santo viene a vivir en nosotros, planta esa fuente inagotable en nuestro interior, esto significa que nuestro gozo y nuestra paz no tienen que depender de que las circunstancias externas sean perfectas, incluso si todo a nuestro alrededor es un desierto, el río fluye desde adentro hacia afuera, es un agua que limpia, que refresca que tiene la potencia suficiente para arrasar con el temor y la desesperanza.
Para que estos ríos fluyan en medio de nuestra sequedad, Jesús nos da tres pasos claros, sencillos y profundamente transformadores:
- "si alguno tiene sed...": El primer requisito es reconocer nuestra necesidad, a veces somos demasiado orgullosos y autosuficientes, hay que tener la valentía de admitir la sequedad, la sed es el imán que atrae el agua del cielo.
- "...venga a mí...": No dice "vaya a la religión", ni "esfuércese más", ni "trate de ser perfecto", nos invita a ir a Jesús, significa acercarnos a Él mostrando nuestra vulnerabilidad.
- "...y beba": Beber es un acto de apropiación, es creer que Su gracia es suficiente, es absorber Sus promesas mediante la lectura de Su Palabra y permitir que el Espíritu Santo ministre nuestro interior, es un acto de fe activa donde dejamos de intentar saciarnos a nosotros mismos y dejamos que Él nos llene.
Oración: Padre, en medio de la sequedad, reconozco que mi alma tiene sed de Ti, renuncio a buscar satisfacción en cisternas rotas, hoy vengo a Jesús, mi Roca y mi Fuente, te pido que el Espíritu Santo brote dentro de mí con fuerza renovada, que esos ríos de agua viva fluyan hoy, limpiando mis dudas, refrescando mi cansancio y devolviéndome el gozo de mi salvación, en el nombre de Jesús, Amén.
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Dios te bendiga

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