Mi escudo, mi refugio


Samos 18:2 "Jehová, roca mía y castillo mío, y mi libertador; Dios mío, fortaleza mía, en él confiaré; Mi escudo, y la fuerza de mi salvación, mi alto refugio."

Cuando leemos la palabra "escudo", imaginamos una pequeña pieza de metal que un soldado lleva en su brazo para desviar golpes, cuando Dios promete ser tu escudo, te está diciendo que Su protección es total, no deja áreas desprotegidas, Su gracia, Su favor y Su verdad te cubren por completo, en Efesios 6, Pablo retoma esta imagen al hablar del "escudo de la fe", la fe no es simplemente creer que Dios existe; es la confianza de que Su carácter es bueno y Sus promesas son verdaderas.

Muchas veces, de forma inconsciente, bajamos el gran escudo de Dios para intentar levantar  nuestro escudo, es fácil caer en el autoengaño de pensar que nuestra experiencia, nuestro conocimiento, nuestra capacidad de persuasión o nuestras buenas intenciones son suficiente protección.

  • La opción del desgaste: Puedes seguir intentando pelear con el escudo de tu propia prudencia y autosuficiencia, esto inevitablemente te llevará al cansancio o a la frustración, porque las fuerzas humanas tienen un límite.
  • La opción de la gracia: Puedes decidir bajar tus propias defensas, reconocer tus límites y esconderte detrás del escudo de Dios, esta opción requiere humildad, pero es la única que garantiza paz en medio del fuego cruzado.

El salmista también llama a Dios "castillo mío", un castillo es una fortificación construida en un lugar elevado, diseñada específicamente para resistir cualquier asedio, la palabra clave aquí es inexpugnable: que no puede ser conquistado, tomado ni vencido por la fuerza.

Dios es ese castillo inexpugnable, cuando el enemigo intenta asediar tu mente con dudas, ansiedad o miedo; tu espíritu tiene un lugar elevado al cual correr, proverbios 18:10 nos recuerda: "Torre fuerte es el nombre de Jehová; A él correrá el justo, y será levantado", correr al castillo no es un acto de cobardía; es la máxima expresión de inteligencia espiritual, es reconocer que, desde lo alto de esa torre, los gigantes que en el valle parecían invencibles, se ven del tamaño que realmente tienen frente a la soberanía del Creador.

Quizás hoy te sientas cansado, es normal sentirse abrumado cuando uno está en la primera línea de la batalla, pero la belleza de tener a Dios como escudo y baluarte es que Él no te exige que seas fuerte todo el tiempo, Él te pide que confíes en Su fuerza.

No tienes que fingir que no duelen los golpes; simplemente tienes que asegurarte de estar detrás de la defensa correcta, Dios marcha delante de ti abriendo caminos donde no los hay, y es tu retaguardia recogiendo lo que se ha roto para restaurarlo, tus esfuerzos no son en vano, tus oraciones son escuchadas, y tu futuro está asegurado en la bóveda más inquebrantable que existe.

Oración: Señor, hoy reconozco que muchas veces intento pelear mis propias batallas, te pido perdón por las veces que confío más en mis estrategias que en Tu poder, hoy decido soltar mis cargas y esconder mi vida, mi familia, mi ministerio y mi futuro en Ti, gracias por ser mi escudo grande, que me protege de todo dardo de duda y temor, gracias por ser mi castillo inexpugnable, mi refugio seguro al que siempre puedo volver para recuperar el aliento, renueva mis fuerzas hoy, lléname de una esperanza inquebrantable y ayúdame a caminar con la cabeza en alto, sabiendo que el Creador de los cielos y la tierra es quien me defiende, en el nombre de Jesús, amén.

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Dios te bendiga

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