Trigo y Cizaña


Nos gusta la perfección: queremos familias sin conflictos, iglesias perfectas, proyectos exitosos y una sociedad donde reine la justicia, pero, si miramos a nuestro alrededor, sin ir muy lejos miremos nuestro corazón, nos damos cuenta de que la realidad es diferente, el bien y el mal, conviven entrelazados en el mismo terreno, como diría mi hijo mayor no todo es blanco y negro, existen escala de grises.

Esta situación, puede llegar a causarnos angustia y frustración, de hecho, Jesús habló de esta situación en la parábola del trigo y la cizaña.

Mateo 13:30 "Dejad crecer juntamente lo uno y lo otro hasta la siega; y al tiempo de la siega yo diré a los segadores: Recoged primero la cizaña, y atadla en manojos para quemarla; pero recoged el trigo en mi granero."

Cuando los siervos del dueño del campo ven brotar la cizaña junto al trigo, su reacción es de alarma y confusión, le preguntan con sorpresa: "Señor, ¿no sembraste buena semilla en tu campo? ¿De dónde, pues, tiene cizaña?".

Es exactamente la misma pregunta que nos hacemos hoy: nos frustramos cuando vemos fallas, deslealtades o hipocresía en lugares sagrados o en personas de las que esperábamos lo mejor, la respuesta del amo es directa, realista: "Un enemigo ha hecho esto".

Cristo acepta nuestra decepción, nos asegura que el diseño original siempre fue bueno y que el dolor y la maldad no provienen del corazón del Padre, la maleza existe, es muy real, a veces duele, pero de ninguna manera define la naturaleza perfecta del Sembrador ni altera el destino de Su cosecha.

La reacción natural y lógica de los siervos, proponen una acción inmediata: "¿Quieres, pues, que vayamos y la arranquemos?", aquí es donde encontramos una de las lecciones más extrañas, el amo los detiene.

En esos tiempos, la cizaña era visualmente casi idéntica al trigo en sus primeras etapas de desarrollo, sus raíces se entrelazaban bajo la tierra, al intentar sacar la cizaña el campo, los siervos, también arrancarían y destruirían también el buen trigo.

Dios prefiere tolerar temporalmente la presencia de la imperfección antes que arriesgarse a perder a uno solo de sus hijos en un proceso de eliminación impulsado por el celo humano.

  • Nuestra visión es limitada: Lo que hoy nos parece cizaña irreversible y dañina, bajo la misericordia de Dios es restaurado, muchas veces es solo trigo que ha sido pisoteado y que está en un proceso de restauración.
  • El celo sin sabiduría destruye: En nuestro intento por crear entornos "puros", podemos terminar hiriendo a personas vulnerables cuyas raíces apenas se están afianzando.
  • La paciencia divina es salvación: La tolerancia temporal de Dios hacia la imperfección es una extensión de su misericordia, dándonos tiempo a todos para la reflexión, el arrepentimiento y el crecimiento genuino

Es fácil leer esta parábola y asumir automáticamente que nosotros somos el trigo y los demás son la cizaña, pero: muchas veces, la línea que divide al trigo de la cizaña no pasa por en medio de un grupo de personas, sino por el centro de nuestro propio corazón.

Todos luchamos con áreas de debilidad, actitudes egoístas o dudas que conviven con nuestra fe, aprender a convivir con la imperfección externa nos permite recibir la gracia para nuestras propias luchas internas, permitiendo que el Espíritu Santo vaya perfeccionándonos a su ritmo, sin caer en la autocondenación.

Entender esta parábola transforma nuestra manera de vivir, de relacionarnos y de liderar a otros, en lugar de tener un enfoque humano, cambiamos al enfoque del Reino.

Enfoque Humano (Genera Ansiedad)Enfoque del Reino (Genera Paz)
Obsesión por erradicar lo malo de inmediato, asumiendo el rol de juez.Enfoque en nutrir y regar la buena semilla, asumiendo el rol de cuidador.
Juicio severo e implacable sobre las fallas ajenas y los errores propios.Compasivo para sostener a otros mientras atraviesan sus procesos.
Frustración y amargura constante ante un entorno que no es el ideal.Confianza absoluta en que el Señor de la cosecha tiene el control final.

Convivir con la imperfección significa renunciar de forma consciente a nuestro deseo de control, no nos corresponde a nosotros determinar el valor o el destino final de cada tallo en el campo, nuestra tarea es mucho más noble y fructífera: ocuparnos de absorber los nutrientes de la Palabra, buscar incesantemente la luz del Espíritu y esforzarnos por dar buen fruto, no podemos permitir que la presencia de la maleza nos quite la paz, nos amargue el carácter o detenga nuestro propósito.

Jesús asegura que habrá un día definitivo de siega, la coexistencia del bien y el mal tiene una fecha de finalización, en ese día, el Juez justo y soberano, el único que conoce las intenciones de los corazones con perfecta exactitud, separará definitivamente lo verdadero de lo falso.

Cuando sientas que la injusticia prospera a tu alrededor, o cuando te enfrentes al desánimo provocado por las imperfecciones de las personas, recuerda siempre esto: el campo no te pertenece, le pertenece a Aquel que sembró, que cuida con paciencia infinita y que, a su debido tiempo, cosechará con justicia perfecta.

No permitas que la maleza te robe el gozo de vivir, sigue adelante, sigue creciendo, sigue madurando y multiplicando tus dones, aunque a veces el viento sople fuerte en tu contra intentando desanimarte, mantén tus raíces profundas, al final de la historia, el trigo no es evaluado por lo difícil o imperfecto que fue el campo donde creció, sino por la calidad del fruto que produjo.

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Dios te bendiga

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