Paz en medio de la guerra
La Palabra de Dios nos ofrece una perspectiva diferente, la historia humana no es un caos sin dirección, a través de los Salmos 2 y 46, el Espíritu Santo nos invita a mirar por encima de las noticias y a fijarla en la realidad del cielo.
Salmo 2: 1-2"¿Por qué se amotinan las gentes, Y los pueblos piensan cosas vanas? Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos..."
El salmista describe una cumbre global de líderes terrenales, hay agendas políticas, hay reuniones a puerta cerrada, estrategias militares y un orgullo humano que cree tener la última palabra sobre el destino del planeta.
Pero el versículo 4 nos da uno de los contrastes más asombrosos y reconfortantes de toda la Biblia: "El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos."
Mientras los líderes de la tierra amenazan y movilizan ejércitos, Dios está sentado. Él no está paseándose nervioso por el salón del trono del cielo, no está convocando reuniones de emergencia con sus ángeles para cambiar su estrategia frente a las crisis en Medio Oriente o en Occidente, la risa de Dios no es una de crueldad, sino la expresión de Su soberanía, ninguna decisión política, por intimidante que parezca, puede amenazar el plan de Dios.
Salmo 46:1-2 "1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;".
Los montes representan los poderes más fuertes, estables y permanentes de la tierra: los imperios, los gobiernos y las economías más sólidas, el salmista nos plantea el peor escenario posible: ¿Qué pasa si esas superpotencias en las que el mundo confía colapsan y caen al mar del caos? La respuesta es un rotundo: "no temeremos".
El Salmo 46 continúa en el versículo 4 diciendo: "Del río sus corrientes alegran la ciudad de Dios", mientras el mar del mundo brama y se turbulenta por la guerra, dentro de la ciudad de Dios fluye un río de paz sereno y constante, esa es la paz celestial a la que tienes acceso hoy, no es la ausencia de problemas políticos, de guerras, de malas noticias; sino la paz es la presencia viva del Príncipe de Paz en tu corazón.
Cuando el mundo a nuestro alrededor está paralizado por el miedo, nosotros debemos ser faros de una esperanza racional, fundamentada y bíblica, no ignoramos la realidad de las guerras, no minimizamos el dolor de los sufren; al contrario, somos movidos a la intercesión.
Oramos por los líderes, por las naciones involucradas y por la paz, pero lo hacemos desde una posición de victoria, sabiendo que el Rey de reyes ya tiene el control, cuando te levantes cada mañana y leas las noticias, recuerda que esas pantallas solo muestran una pequeña fracción de la historia, la historia principal la está escribiendo Dios que está sentado en Su trono.
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Dios te bendiga

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