Mirando lo invisible


Hebreos 11:1 "Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve."

2 Corintios 4:18 "no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las que no se ven son eternas."

El mundo nos enseña que "ver para creer", pero el la Biblia nos desafía a vivir basándonos en una realidad que el ojo natural es incapaz de percibir.

A simple vista, el concepto de "mirar lo invisible" parece una contradicción, pero en el Reino de Dios, es la única manera de caminar con verdadera seguridad y propósito, mirar lo invisible no es un acto de negación de la realidad ni un escape hacia un optimismo; es aceptar la realidad de Dios.

El autor de Hebreos cuando declara que la fe es la "certeza" de lo que se espera, no está hablando de un sentimiento positivo o de una esperanza vaga, está hablando en términos legales y comerciales para referirse a un documento de garantía.

Por lo tanto, la fe no consiste en cerrar los ojos con fuerza y desear que nuestras circunstancias mejoren, la fe es poseer un documento que nos garantiza que las promesas de Dios se van a cumplir, por otro lado, la palabra "convicción" se refiere a la prueba o evidencia que se presenta en un tribunal para demostrar una verdad, nuestra fe es la evidencia misma de esa realidad espiritual, cuando miramos lo invisible con certeza, no estamos adivinando; estamos ejerciendo nuestra posesión legal sobre las promesas que Dios ya ha asegurado.

En el transcurso de nuestra vida y liderazgo, nos enfrentamos a situaciones que parecen contradecir lo que hemos creído, a veces, la realidad visible es desalentadora, los recursos pueden escasear, las relaciones pueden romperse, y los resultados de nuestro trabajo parecen retrasarse, quienes lideran conocen la carga de estos momentos, donde la tentación renunciar es grande, es más ¿Cuántas veces sin ser líderes hemos deseado irnos a otro lado, dejándolo todo para volver a empezar?.

Si nuestra visión está aferrada en lo que vemos a diario, nuestra paz será inestable y seremos arrastrados por la duda, el desafío aquí es examinar en qué estamos fijando nuestra mirada, si medimos nuestro éxito, nuestro valor o el respaldo de Dios solo por los resultados temporales, pero si reconocemos que nuestra inversión espiritual está asegurada en un Dios que no cambiar y que es fiel, podemos sostenernos con firmeza sin importar las crisis del momento.

El apóstol Pablo entendió este principio a la perfección. En su segunda carta a los Corintios, él describe sufrimientos inmensos: persecuciones, escasez, azotes y peligro de muerte, pero, en el capítulo 4, califica todo esto como una "leve tribulación momentánea", ¿Cómo podía un hombre en medio de tanto sufrimiento llamar a su dolor algo "leve"? La respuesta radica en que Pablo había ajustado su visión.

Él estaba mirando las circunstancias en la balanza de la eternidad, el peso de gloria que viene es tan grande y real para él, que cualquier crisis temporal perdía su poder, Pablo nos ofrece una opción clara: podemos ser definidos por el dolor temporal de lo visible, o podemos ser transformados por el propósito eterno de lo invisible. Las cosas que se ven (las crisis, las enfermedades, las cuentas por pagar, las dificultades ministeriales) tienen fecha de vencimiento; son temporales, las que no se ven (la gracia, la salvación, el Reino de Dios, el impacto eterno en las almas) permanecerán para siempre.

¿Cómo fortalecemos y mantenemos esta visión afinada en el día a día? Requiere  ser intencional.

  • Sumergirnos en la Escritura: La Palabra de Dios es el colirio que limpia nuestros ojos espirituales, profundizar en el texto sagrado nos recuerda continuamente las promesas que constituyen nuestro "documento de garantía".
  • Cultivar la comunión ininterrumpida: La oración constante afina nuestra sensibilidad a la voz del Espíritu Santo, permitiéndonos ver oportunidades y propósitos divinos donde otros solo ven obstáculos.
  • Recordar la fidelidad pasada: Hacer un inventario de las veces que Dios ha obrado a nuestro favor en el pasado fortalece nuestra musculatura espiritual para confiar en Él frente al futuro.

No ignores la realidad temporal, pero no le otorgues la autoridad sobre tu vida, tu llamado o tu paz, la autoridad final le pertenece a Aquel que sostiene el universo con la palabra de su poder.

Oración: Padre Celestial, te damos gracias porque tu fidelidad no depende de nuestras circunstancias, sino de tu naturaleza que no cambia, te pedimos que limpies nuestra visión, perdónanos por las veces que hemos permitido que las crisis roben nuestra paz y nuestra esperanza, danos la gracia para mirar lo invisible con certeza, aferrándonos al título de propiedad de tus promesas, fortalece nuestro espíritu, renueva nuestro ánimo y ayúdanos a liderar, vivir y servir con el lente de la eternidad. En el nombre de Jesús, Amén.

Si este devocional ha sido de bendición para tu vida, compártelo

Dios te bendiga

Comentarios

Entradas populares de este blog

El Evangelio de la Restauración en la Era del Juicio

Calma en medio de la tormenta

Aunque todo se destruya, sigo vivo