La Perla de Gran Precio
Mateo 13:45-46 "45 También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, 46 que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró."
Diariamente intercambiamos nuestro tiempo por dinero, nuestra energía por resultados y nuestra atención por entretenimiento, en el fondo, estamos invirtiendo nuestro tiempo en algo, esperando obtener un rendimiento (dinero, entretenimiento, Etc), en medio de esta situación, Jesús nos presenta: la parábola de la perla de gran precio.
Esta parábola nos ayuda a evaluar nuestras prioridades, porque donde está nuestro tesoro, allí está nuestro corazón, y normalmente inviertes tu tiempo, donde está tu corazón.
Por lo general, al leer esta parábola, nos centramos en el momento de la compra, pero hay un detalle interesante, la palabra griega utilizada para "mercader" es emporos, que no describe a un pequeño tendero local, sino a un comerciante mayorista, un viajero experto que cruza fronteras.
Este hombre era un conocedor, había dedicado su vida a estudiar el mercado, a distinguir lo auténtico de lo falso, a entender dónde estaba el valor real.
Es fácil caer en la trampa de una espiritualidad pasiva, creyendo que, como la gracia es un regalo, no necesita esfuerzo de nuestra parte, pero la madurez espiritual demanda ser intencional, es necesario pagar un precio, nuestra relación con el Reino puede ser de diferentes maneras:
- El buscador casual. Esperar pasivamente a que Dios nos sorprenda con revelaciones, conformándonos con el "rendimiento promedio" de asistir a reuniones y leer superficialmente.
- El inversor intencional (emporos). Buscar tener un corazón dispuesto, investigando profundamente las Escrituras, discerniendo los tiempos y buscando activamente la presencia de Dios en medio de las actividades diarias.
El Reino de los Cielos se revela a aquellos que, como este mercader, están despiertos y buscando activamente el verdadero valor, el mercader ya tenía perlas, eran "buenas perlas", lo que le impedía adquirir la perla preciosa no era la basura de su vida, sino sus cosas buenas.
Todos tenemos perlas menores en nuestras vidas, son cosas que tienen valor, que nos han costado esfuerzo, pero que, frente a la eternidad, no significan nada. ¿Cuáles son hoy esas perlas menores?
- La comodidad de lo conocido: tradiciones que nos hacen sentir seguros, pero que limitan el mover del Espíritu.
- El orgullo del conocimiento: Creer que ya hemos entendido todo sobre Dios, perdiendo la capacidad de asombro.
- El éxito medible: Aprobación social, crecimiento numérico, estabilidad financiera, son recursos útiles, pero pésimos dueños.
La tragedia no es no tener nada, sino conformarse con "buenas perlas" cuando la Perla de Gran Precio está a nuestro alcance.
Cuando el joven rico fue llamado a venderlo todo, se fue triste porque sus posesiones lo poseían a él, pero en la parábola de Jesús, la venta no es un sacrificio; es una venta que causa gozo, el mercader no está perdiendo su patrimonio, lo está reubicando en un algo que vale mucho más.
Despojarnos de nuestro ego, de nuestras agendas personales y de nuestra necesidad de control no debe ser visto como una carga pesada, vender nuestras perlas menores significa redirigir todo lo que somos (nuestro tiempo, nuestro liderazgo, nuestra capacidad de investigación, nuestra influencia) hacia una sola causa: Cristo.
Cuando entiendes el valor del Reino, la renuncia deja de ser un sacrificio y se convierte en una decisión que causa gozo.
No tangas miedo de soltar lo bueno para obtener lo mejor, Dios no te pide que te vacíes para dejarte en la quiebra, sino para llenarte con Su presencia, eres un buscador capacitado para la eternidad, que hoy tengas la valentía y la visión para hacer la mejor inversión de tu vida, rindiéndolo todo por Él.
Oración: Señor, afina nuestra visión, ayúdanos a reconocer el valor de Tu Reino, danos la valentía y el gozo para soltar nuestras perlas menores, nuestras comodidades y nuestro orgullo, queremos invertirlo todo en Ti, sabiendo que en Tus manos está la verdadera riqueza y la vida eterna. Amén.
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Dios te bendiga

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