Guerra y rumores de guerra
Salmo 46:1-2 "1 Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. 2 Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar;"
Desde el 28 de Febrero vemos noticias sobre los bombardeos en Iran, Israel y países de la región, este conflicto está escalando en el Medio Oriente convirtiéndolo en una bomba de tiempo, además del constante roce diplomático y militar entre naciones poderosas como Estados Unidos e Irán, ante la palabra "guerra" o incluso ante el simple rumor de ella, es natural que experimentemos incertidumbre, aunque estemos al otro lado del mundo y el corazón de muchos se llena de ansiedad por el futuro.
Sin embargo, como hijos de Dios, nuestra respuesta a las crisis no está dictada por los noticieros, sino por las promesas de nuestro Padre, el llamado no es a ignorar la realidad, sino a mirarla a través de las Escrituras y encontrar allí una esperanza viva, palpable y, sobre todo, inquebrantable.
El Salmo 46 fue escrito en un ambiente de inestabilidad nacional y amenazas de imperios enemigos, en el idioma original hebreo, la palabra utilizada para "amparo" o "refugio" es machaseh, que describe un lugar de resguardo ante una tormenta violenta o un peligro inminente, el salmista no niega que la tierra tiemble; él reconoce que el caos existe, pero su conclusión cambia nuestra perspectiva: "Por tanto, no temeremos".
¿Por qué no temer? Porque nuestro refugio no es un búnker, ni una alianza política, ni siquiera estar al otro lado del mundo; nuestro refugio es Dios, la soberanía de Dios está por encima de Estados Unidos o de los líderes en Irán o de cualquier asamblea internacional, cuando comprendemos que la historia de la humanidad no es un tren descarrilado, sino un vehículo guiado por la mano de Dios hacia la redención final, el miedo pierde su poder sobre nosotros.
Jesús fue sumamente claro con sus discípulos respecto a los tiempos que viviríamos. En Mateo 24:6, Él nos advierte: "Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin.".
Observemos el mandato de Jesús: "mirad que no os turbéis", él no nos dice que las guerras no dolerán, o que las tensiones no tendrán consecuencias terrenales, nos instruye a gobernar nuestras emociones con Su verdad, un rumor de guerra entre naciones poderosas es, proféticamente hablando, un recordatorio de que este mundo anhela el regreso del Príncipe de Paz, en lugar de permitir que las noticias nos roben el gozo, estas deben encender en nosotros un sentido de urgencia por predicar el evangelio y vivir una vida que glorifique a Cristo, en estos momentos de oscuridad es cuando la iglesia debe brillar con mayor intensidad.
Cuando los conflictos estallan y las naciones se amenazan, es fácil caer en la trampa de poner nuestra esperanza en soluciones puramente humanas, algunos confían en el poderío militar (Salmo 20:7 "Estos confían en carros, y aquellos en caballos..."), y otros confían en la diplomacia terrenal, pero nuestra ciudadanía principal no se encuentra en un pasaporte terrenal, sino en los cielos (Filipenses 3:20).
Esto nos da una ventaja maravillosa: somos portadores de esperanza, mientras el mundo se llena de cinismo frente al conflicto entre Occidente y Medio Oriente, la Iglesia se levanta con un mensaje positivo y restaurador, sabemos que el mal no tendrá la última palabra, la tumba vacía de Cristo es la prueba de que Dios tiene el control de la historia, cada tensión global es simplemente un peldaño más hacia el día en que toda rodilla se doblará y reconocerá que Jesucristo es el Señor.
Entonces, ¿Cuál es nuestra tarea hoy frente a las noticias de Estados Unidos, Irán y el resto del mundo? Nuestra primera y mayor estrategia bélica es la intercesión. En 1 Timoteo 2:1-2, Pablo nos exhorta a orar "por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente".
Oremos para que Dios otorgue sabiduría a los líderes mundiales, oremos por los inocentes, las familias y las iglesias locales que se encuentran en medio de las zonas de tensión, recordando que tenemos hermanos en la fe en todas las naciones, sobre todo oremos para que la paz de Cristo, que sobrepasa todo entendimiento (Filipenses 4:7), guarde nuestros corazones y nuestros pensamientos.
Oración: Padre Santo, te damos gracias porque Tú eres nuestro refugio y fortaleza, hoy te entregamos nuestras ansiedades frente a los conflictos y las tensiones del mundo, te pedimos paz para las naciones, sabiduría para los gobernantes y protección para los inocentes, llena nuestra mente de Tu verdad, para que no seamos movidos por el miedo, sino impulsados por el amor y la esperanza que tenemos en Cristo Jesús. Amén.
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Dios te bendiga

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