Fe en medio de las pruebas
En Génesis 26 dice que "hubo hambre en la tierra", era una sequía severa, una hambruna devastadora, Isaac, sintiendo la sequía, pensó en descender a Egipto, pero el Señor se le apareció y le dio una instrucción: "No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré" (Génesis 26:2).
Dios le pide a Isaac que permaneciera en la tierra de Gerar, en el lugar donde era la sequía, y es exactamente en este punto donde ocurre uno de los actos de fe más grandes: "Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová" (Génesis 26:12).
En ese momento la semilla era un recurso de supervivencia, en tiempos de escasez, la poca semilla que quedaba en los graneros se guardaba para molerla, hacer pan y mantener a la familia viva un día más, tomar un puñado de semilla, salir a un campo agrietado, estéril y endurecido por meses sin lluvia, y arrojar la semilla a la tierra debió parecerle una absoluta locura a cualquiera que viera a Isaac, sembrar en medio de una sequía requería una fe que se negaba a mirar la tierra árida, para mirar a Dios que gobierna los cielos.
Isaac no sembró basándose en un pronóstico del tiempo favorable; sembró basándose en la promesa de una Presencia: "yo estaré contigo, y te bendeciré" (Génesis 26:3), esa es la esencia inquebrantable de plantar semillas de fe en tierra seca.
A simple vista, una semilla parece muerta, su exterior es duro, un caparazón diseñado para proteger el embrión que está dormido en su interior, para que esa semilla libere todo su potencial y dé fruto, debe ser enterrada en el suelo, ser pisoteada y someterse a un proceso de fricción y ruptura, la fe funciona exactamente de la misma manera, a menudo germina en la oscuridad de nuestras aflicciones, cuando las circunstancias externas son hostiles, el Espíritu Santo infunde la humedad y la gracia necesarias desde nuestro interior, permitiendo que esa fe se abra paso a través del caparazón de la duda, el cansancio y el dolor.
El propio Señor Jesucristo utilizó esta analogía para explicar el misterio de Su misión, en Juan 12:24, Él dijo: "De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto", Jesús mismo fue la máxima y perfecta Semilla de fe plantada en la tierra más seca y hostil del universo: la aridez de nuestro pecado y la tumba de la muerte, su sacrificio pareció, a los ojos mortales, una pérdida total, el Viernes Santo fue momento de la sequía espiritual, pero, el Domingo de Resurrección demostró de una vez por todas que la semilla enterrada en la oscuridad no estaba muerta, sino preparándose para una el momento de vida que traería redención a la humanidad entera.
Gálatas 6:9: "No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos"
No subestimes jamás el poder de un pequeño y silencioso acto de obediencia en tu temporada de sequía, ese preciso momento en el que decides perdonar en lugar de guardar amargura, ese instante en el que abres las Escrituras en lugar de rendirte a las malas noticias, estás esparciendo grano en tu propio valle de Gerar, puede que en este preciso instante solo veas polvo y tierra árida frente a ti, pero bajo la superficie, lejos de la limitada vista humana, el Creador del universo está preparando el milagro de la vida.
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Dios te bendiga

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