Esperanza que no avergüenza
Pablo no nos está siendo optimista ni positivo, nos está revelando una realidad espiritual, diseñada por Dios para sostenernos cuando todo a nuestro alrededor se está derrumbando.
Utilizamos la palabra "esperanza" como un simple deseo, por Ej.: "espero que no llueva mañana", "espero que la situación mejore", "espero que el dólar no suba", es un sentimiento basado en la posibilidad de un escenario favorable, pero no tiene certeza de que las cosas serán lo que deseamos; si las cosas no salen como queremos, esa esperanza desaparece.
Pablo está hablando de una expectativa, firme y absolutamente confiada en cuanto al futuro, que no está basada en las circunstancias, sino en el carácter de Dios, la esperanza es la certeza absoluta sobre algo que aún no vemos en su totalidad, pero que sabemos sin lugar a dudas que ocurrirá, simplemente porque el Dios que lo prometió es fiel y verdadero.
Tratemos de entender esta esperanza, en los versículos anteriores (Romanos 5:3-4), se nos invita a gloriarnos en las tribulaciones, ¿Por qué alguien se alegraría o encontraría propósito en el sufrimiento? la respuesta se encuentra en:
- La tribulación produce paciencia: no es una resignación, sino una resistencia; la capacidad heroica de mantenerse firme y constante bajo presión.
- La paciencia produce prueba: esto se refiere a un carácter probado y aprobado, al igual que el oro que pasa por el fuego y pierde sus impurezas, salimos de las dificultades con una fe genuina y purificada.
- La prueba produce esperanza: es exactamente aquí donde nuestra confianza se vuelve sólida.
Esta esperanza no nace de los tiempos fáciles, se forja en la prueba, cuando nuestras fuerzas se agotan y nuestras estrategias fallan, descubrimos que los brazos de Dios son más que suficientes para sostenernos, la adversidad tiene el propósito de despojarnos de nuestras falsas seguridades, dejándonos aferrados únicamente a la Roca inamovible de nuestra salvación.
La frase "no avergüenza", significa que esta esperanza jamás nos dejará en ridículo, nunca nos decepcionará ni nos pondrá en vergüenza.
Nunca llegará el día, en que miremos hacia atrás y digamos: "fui un necio por confiar tanto en Dios", el mundo secular puede burlarse de la fe, las circunstancias temporales pueden parecer contradictorias a las promesas divinas, y los tiempos de espera pueden ser largos, pero al final del día, la esperanza depositada en Cristo será total y gloriosamente justificada, ayer fui al cine a ver la película "David", y veía como David a pesar de ser ungido como rey, fue: perseguido, vivió en cuevas, inclusive en tierras enemigas, no entendía como lo que estaba viviendo estaba en los planes de Dios, lo mismo pasa con nosotros, pasamos por tantas pruebas, pero esas pruebas están dentro de los planes divinos para nuestra vida.
Es normal preguntarse: ¿Cuál es la evidencia? ¿Cuál es el comprobante actual de que esta esperanza futura no nos fallará? Las Escrituras nos dan la respuesta inmediatamente: "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo".
Cuando las dudas llegan, el Espíritu Santo le dice directamente a nuestro espíritu que somos amados, que somos hijos legítimos, esta seguridad, esta Presencia habitando en nosotros, es la que empodera para enfrentar pérdidas, agotamiento, traiciones y escasez sin perder jamás el gozo profundo de la salvación.
Esta poderosa verdad tiene implicaciones directas:
- Firmeza en nuestro llamado: al guiar, enseñar o servir a otros, inevitablemente encontraremos resistencia, incomprensión y cansancio, recordar que nuestra esperanza está en la obra terminada de Cristo, y no en los resultados humanos inmediatos, nos guarda del agotamiento y renueva nuestra visión.
- Consuelo para el corazón herido: si hoy te encuentras atravesando pruebas, recuerda que las pruebas son temporales, no son tu destino final, la presión que sientes hoy está forjando en ti un carácter aprobado y una fortaleza inquebrantable para el mañana.
- Un mensaje urgente para el mundo: las personas a nuestro alrededor están sedientas de seguridad real, nosotros poseemos la respuesta contra la desesperación, nuestra vida, sostenida por el Espíritu, debe ser una carta abierta que muestre al mundo que existe un fundamento seguro que jamás cede ante las tormentas.
La esperanza que no avergüenza no es un paracaídas diseñado para escapar de los problemas del mundo, sino un motor poderoso para vivir en medio de ellos con valentía, gracia y propósito, nos permite mirar a los ojos de cualquier adversidad y declarar con convicción: "Yo sé que mi Redentor vive".
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Dios te bendiga

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