El sembrador
A veces leemos la Parábola del Sembrador y nos identificamos con dos opciones: o nacimos siendo buena tierra, o estamos condenados a ser un camino endurecido, pero, la vida espiritual es mucho más dinámica, el corazón humano es un campo que cambia con las temporadas, las tormentas y el cuidado que le damos; hoy podemos estar bien, mañana mal o viceversa hoy podemos estar heridos, lastimados, pero mañana podemos estar restaurados.
La pregunta no es "¿Qué tipo de suelo fui en el pasado?", sino "¿Qué tipo de suelo soy hoy, en este preciso momento?"
Antes de mirar la tierra (nuestro corazón), debemos mirar al Sembrador, él es generoso, un agricultor frío jamás desperdiciaría semilla en el camino, entre las piedras o en los espinos, pero nuestro Dios esparce la semilla de su Palabra en cada rincón de nuestro corazón, la semilla es perfecta; el desafío está en que tan receptivo es nuestro corazón a esa Palabra.
El camino
El primer suelo no es duro por naturaleza, sino que ha sido endurecido porque ha sido pisoteado por las personas al transitar el camino; cuando permitimos que las preocupaciones diarias, las opiniones ajenas y la rutina caminen repetidamente sobre nuestra alma, nuestro corazón se vuelve duro, la Palabra cae, pero no penetra, se queda en la superficie, dejándonos vulnerables para que el enemigo "arrebate lo que fue sembrado".
Si la Palabra de Dios ya no te quebranta, no te asombra o no te redarguye, es posible que el camino se haya endurecido.
La forma de romper la tierra dura es a través del arrepentimiento, tómate un tiempo de silencio absoluto esta semana, pídele al Espíritu Santo que rompa las corazas que has construido para protegerte, permitiendo que su verdad vuelva a penetrar hasta lo profundo.
Los Pedregales
El El suelo pedregoso nos habla de una capa superficial de tierra sobre un lecho de roca sólida, aquí, la semilla brota rápidamente, hay lágrimas, emoción y promesas altisonantes, pero cuando sale el sol de la aflicción o la persecución, la planta se marchita porque no tiene raíces profundas.
Es fácil depender de las "experiencias" o de las emociones del domingo, de hecho muchos buscamos "sentir" al Espíritu Santo, pero una fe que solo se sostiene de lo que sentimos colapsará bajo el peso de las pruebas, la roca debajo de la tierra suele ser el orgullo, traumas no resueltos o pecados ocultos a los que nos negamos a renunciar.
Debes excavar y remover las piedras, esto requiere cambiar la emoción por la disciplina, las raíces crecen en la oscuridad, en la intimidad de disciplinas espirituales a menudo "aburridas" o silenciosas: la lectura de las Escrituras, el estudio profundo y la obediencia constante en lo secreto, inclusive un discipulado de sanidad y liberación (¿Cuándo fue la última vez que revisaste tu corazón?).
Los Espinos
Este es quizás el diagnóstico más común en nuestra generación, la semilla brota, e incluso desarrolla raíces, el problema no es el suelo, sino la compañía, los espinos representan "los afanes de este siglo y el engaño de las riquezas", cosas que son buenas (el trabajo, la familia, la economía, el futuro), crecen de forma desproporcionada y ahogan la vida del Espíritu, porque compiten por: tu tiempo, tu atención y tu energía.
No puedes servir a dos señores, mucha ocupación no es bueno, a veces es un síntoma de un corazón ansioso que confía más en sus propias fuerzas que en la provisión de Dios.
Necesitas identificar qué cosas están consumiendo tu tiempo y energía, tal vez necesites un ayuno del celular, establecer límites estrictos en tus horas de trabajo, o hacer una revisión de tus finanzas y prioridades; para ser honesto durante mucho tiempo me sentí identificado con esta clase de tierra, porque habían cosas en mi vida que ocupaban mi tiempo con Dios; inclusive hoy en día me cuesta mucho no desenfocarme de mis prioridades espirituales y lucho constantemente para que las distracciones del mundo no tomen control de mi tiempo.
La Buena Tierra
La buena tierra no ocurre por accidente, tampoco aparece de la noche a la mañana; un campo limpio, arado y fértil es el resultado de un trabajo constante y disciplinado, recuerdo que a principio de año estaba en la ciudad de Tarija y visité varios viñedos, en uno de aquellos viñedos la guía decía que la tierra hace 70 años era estéril, como la que veíamos al lado del viñedo, pero ¿Cuál fue el motivo de que la tierra del viñedo sea fértil?, el trabajo de años por parte de los trabajadores.
En Lucas 8:15, Jesús añade un detalle crucial sobre esta tierra: "éstos son los que con corazón bueno y recto retienen la palabra oída, y dan fruto con perseverancia.", la buena tierra es receptiva, pero también es tenaz, entiende que el fruto no se produce de la noche a la mañana, requiere tiempo, lluvia y sol, necesita paciencia.
Si al leer esto te das cuenta de que hoy tu corazón se parece más a un camino duro o a un campo lleno de espinos, anímate, esta parábola no te condena, es una invitación a que trabajes en tu corazón para que este sea buena tierra.
Dios no te abandona cuando tu tierra está reseca, Él está listo para tomar el arado, remover las piedras y limpiar los espinos si tú se lo permites, ríndele el estado de tu corazón, permite que la lluvia de su Espíritu ablande lo que se ha secado y prepárate, porque un corazón cultivado por Sus manos siempre, producirá una cosecha abundante de esperanza, amor y poder.
Oración:
Señor, hoy examino mi corazón delante de ti, reconozco que hay áreas endurecidas por la rutina, piedras de orgullo que no he querido soltar, y espinos de ansiedad que me roban la paz, te pido perdón, te invito a que trabajes en mi interior, rompe y limpia lo que sea necesario, para que tu Palabra encuentre en mí un lugar fértil donde pueda crecer libremente y dar fruto abundante para tu gloria. Amén.
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Dios te bendiga

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