El padre que corre
Lucas 15:20 "Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó."
Al leer esta parábola, normalmente analizamos la rebeldía del joven, el hambre, el olor a cerdos y el fondo del pozo que tuvo que tocar para entrar en razón, pero, desde mi punto de vista, lo mejor de esta historia no ocurre en el chiquero, sino en el la vuelta a casa, es allí donde Jesús hace un giro en la historia para revelarnos, no la miseria del pecado, sino el gran amor de Dios.
En aquel tiempo, la dignidad, el honor y el respeto público lo eran todo para un patriarca, un hombre de su posición llevaba túnicas largas que llegaban hasta los tobillos, caminaba con paso lento y mesurado, pues un noble de esos tiempos no corría porque para él era indigno hacerlo, hacerlo implicaba recogerse la túnica, enseñar las piernas desnudas y someterse a la burla y la humillación pública.
A esto debemos sumarle una costumbre judía conocida como el Kezazah, si un joven judío perdía su herencia entre los gentiles y luego intentaba regresar a su aldea, los ancianos del pueblo se reunirían en los límites de la ciudad, romperían un cántaro de barro frente a él y declararían: "Estás cortado de tu pueblo", era una ceremonia de vergüenza y repudio absoluto.
Sabiendo esto, el versículo 20 cobra un significado diferente, el padre sabía que su hijo se acercaba, había estado mirando el horizonte, día tras día, negándose a darlo por perdido, cuando por fin ve esa silueta desaliñada, demacrada, reconoce a su hijo, el padre sabe lo que va a ocurrir, sabe que si los aldeanos ven al muchacho primero, lo someterán al desprecio público del Kezazah.
¿Qué hace entonces este anciano respetable? toma su túnica, la levanta, olvida su honor, su reputación y su estatus, y corre, corre a través del pueblo, al arrojarse sobre su cuello y besarlo, el padre está enviando un mensaje claro a toda la comunidad: "Cualquier repudio que tengan contra él, tendrán que pasar por mí primero, su vergüenza es ahora mi vergüenza".
Mientras el padre corre hacia él, el hijo viene ensayando un discurso, viene cargado de culpa, miedo y una teología basada en los méritos: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros" (v. 18-19).
Es el discurso de un hombre que cree que tiene que pagar su deuda, que cree que el amor debe ganarse trabajando de sol a sol en las tierras de las que una vez fue heredero, pero mira lo que sucede: el padre ni siquiera lo deja terminar, interrumpe la confesión de su hijo no con un sermón, ni con un reproche, sino con un abrazo y un derramamiento de amor que deja al muchacho sin palabras.
El padre, aún abrazado a su hijo que huele a cerdo(un animal impuro para los judíos) y a fracaso, da órdenes inmediatas a sus siervos, entregándole tres elementos que cambian su identidad por completo:
- El mejor vestido: No era ropa de trabajo, era la túnica de gala, cubre la desnudez y la suciedad del muchacho con su propia justicia y honor.
- El anillo en su mano: El anillo de sellar representaba la autoridad de la familia, el padre le estaba devolviendo la confianza y el derecho de ser un representante legítimo de la casa.
- El calzado en sus pies: En aquella época, los esclavos y jornaleros caminaban descalzos; solo los hijos libres llevaban sandalias, con este detalle, el padre rechaza la petición del hijo de ser un jornalero, él no ha vuelto para ser un esclavo, ha vuelto para ser un hijo libre.
Puede que las luchas diarias, las decisiones equivocadas, el agotamiento del ministerio o las presiones de la vida te hayan hecho sentir que estás en una tierra lejana, a veces, incluso sirviendo activamente, el corazón puede deambular y sentirse indigno, nos convencemos de que Dios está sentado en su trono, de brazos cruzados, esperando con severidad a que nos arrastremos hacia Él pidiendo disculpas.
Pero la cruz nos cuenta la misma historia que esta parábola: tenemos un Dios que no escatimó en despojarse de su gloria, tomar forma de siervo y venir corriendo hacia nosotros para tomar nuestra vergüenza, Jesús tomó nuestro Kezazah en el Calvario, fue cortado para que nosotros fuéramos injertados.
No importa cuánto polvo haya en tus pies hoy, ni cuán ensayado tengas tu discurso de insuficiencia, hay un Padre en el horizonte que te está mirando con compasión, él ya ha echado a correr hacia ti, su amor es más rápido que tus miedos, y su gracia es más profunda que cualquiera de tus fracasos.
Déjate abrazar, deja que Él cubra tus hombros con su mejor vestido, estás en casa, y hay fiesta en los cielos por ti.
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Dios te bendiga

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