El ancla
Imagine por un momento un barco en medio de una tormenta en alta mar, las olas amenazan con hundirlo y los vientos huracanados lo llevan a la deriva, el capitán sabe que su única esperanza no está la resistencia del barco, ni en la habilidad de los marineros, sino en algo que no se puede ver a simple vista: el ancla que desciende hasta aferrarse a la roca sólida en el fondo del océano, nuestra vida espiritual y nuestro caminar de fe funcionan exactamente de la misma manera, para que un ancla sea útil, la roca a la que se aferra debe ser sólida y no se debe mover.
Hebreos 6:18-19 "18 para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros. 19 La cual tenemos como segura y firme ancla del alma..."
Un detalle, "dos cosas que no cambian" son el consejo de Dios y Sus promesas, Dios no solo prometió, sino que juró por sí mismo porque no había nadie mayor por quien jurar, veamos la diferencia entre los contratos humanos y los pactos divinos, en nuestra sociedad, las promesas están sujetas a condiciones, si la otra parte falla, el contrato se anula, pero, el pacto abrahámico (Génesis 15), fue solo Dios quien pasó en medio de los animales divididos, asumiendo sobre Sí mismo toda la responsabilidad, es por este motivo el por qué nuestra ancla es inquebrantable; no depende de nuestra perfección, sino de la soberanía y la fidelidad del Creador.
Un ancla necesita una cadena fuerte para mantener unido el barco a la roca, podemos pensar en esta cadena como las promesas específicas que nos sostienen cuando arrecia el temporal:
- La Presencia Continua: Isaías 41:10 "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia.", esta promesa nos asegura que Dios siempre estará a nuestro lado, incluso en los momentos más oscuros y solitarios, Su presencia es una realidad garantizada.
- El Propósito en el Dolor: Romanos 8:28 "Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien...", Dios no desperdicia ninguna de nuestras lágrimas, Él es experto en tomar lo malo de nuestra vida, para transformarlo en cosas para nuestro bien.
- La Provisión Inagotable: Filipenses 4:19 "Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.", no es una promesa de que tendremos todo lo que deseamos, sino la seguridad de que el Dios que alimenta a los aves del cielo y viste a las flores del campo sostendrá a Sus hijos en sus necesidades.
La fe no es un optimismo, tener un ancla a bordo del barco no sirve de absolutamente nada si se queda guardada mientras la tormenta golpea, la fe requiere una acción intencional, echar el ancla significa tomar la decisión consciente, a veces minuto a minuto, de creerle a Dios por encima de las circunstancias.
El rey David, a lo largo de los Salmos, vemos su lucha constante entre la realidad de su aflicción y la verdad inmutable de quién es Dios, en el Salmo 42, él se corrige a sí mismo: "¿Por qué te abates, oh alma mía... Espera en Dios", David está echando el ancla, no está negando su tristeza; está redirigiendo su enfoque, al igual que los héroes de la antigüedad, necesitamos recordar las victorias del Señor para fortalecer nuestra esperanza y fe en el presente.
Estar anclados no significa que no sentiremos los vientos o que el barco no se tambaleará, sentiremos la tormenta, por supuesto, pero no seremos arrastrados, esta certeza inquebrantable produce una paz que sobrepasa el entendimiento humano, una alegría que desafía la lógica terrenal y un vigor espiritual que renueva nuestras fuerzas de manera constante.
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Dios te bendiga

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