Camino a la tierra prometida
En nuestro propio viaje, hemos salido de nuestro "Egipto": aquellas cosas que nos ataban, los miedos que nos limitaban, o las situaciones dolorosas que nos quitaban la paz; ahora caminamos hacia el propósito que Dios ha trazado para nosotros, pero entre la salida y la llegada, se encuentra el camino, y caminar hacia la tierra prometida requiere fe, paciencia y esperanza.
Al salir de la esclavitud, los israelitas no llegaron de inmediato a la tierra que fluía leche y miel, tuvieron que atravesar un desierto árido, a veces, nosotros también nos frustramos al enfrentar nuestros propios desiertos: enfrentamos temporadas de escasez, experimentamos el silencio, luchamos con el cansancio y sufrimos cuando no vemos resultados, es natural que en esos momentos nos preguntemos si nos hemos perdido o si Dios se ha olvidado de nosotros.
Déjame decirte que el desierto nunca fue diseñado para ser nuestro destino, es un lugar de transformación, en el desierto, despojados de nuestras falsas seguridades, aprendemos a depender completamente de Dios, es allí donde el ruido del mundo se apaga y podemos escuchar la voz de Dios.
Las pruebas que enfrentas no están en tu vida para destruirte, sino para fortalecerte, estás siendo moldeado y preparado para poder sostener el peso de la bendición, si recibieras la tierra prometida sin la preparación adecuada, correrías el riesgo de perderla, el buen maestro guarda silencio durante el examen, pero nunca abandona el aula.
Vemos cómo doce espías fueron enviados a reconocer la Tierra Prometida, todos observaron lo mismo: una tierra fértil, pero que estaba habitada por gigantes, diez de ellos regresaron paralizados por el miedo, contagiando rápidamente su temor a todo el pueblo, pero dos de ellos, Josué y Caleb, decidieron tener una perspectiva diferente, ellos no negaron la existencia de los gigantes, pero eligieron recordar el poder de Dios por encima de sus problemas.
Con seguridad te encontrarás con tus propios "gigantes", estos pueden tomar la forma de diagnósticos médicos, crisis financieras, conflictos familiares o incluso tus propias inseguridades y dudas, el miedo intentará hacerte creer que eres demasiado pequeño, que el problema es demasiado grande y que lo más seguro sería retroceder.
Hoy te animo a levantarte con el espíritu de Josué y Caleb, no midas a tus gigantes comparándolos contigo mismo; mídelos comparándolos con la infinita grandeza de tu Dios, aquel que abrió el Mar Rojo para que pasaras en seco, es exactamente el mismo que derribará los muros de tu Jericó, alimenta tu fe, no tus miedos, cambia tu vocabulario: en lugar de quejarte de lo difícil que es la situación, comienza a declarar la bondad y la fidelidad de Dios que te prometió la victoria final.
Caminar hacia la tierra prometida es, en esencia, un ejercicio continuo de confianza diaria. No necesitas tener todas las respuestas para mañana; solo necesitas la fe y la fuerza para dar el paso de hoy, Dios ha prometido que sus misericordias son nuevas cada mañana, hoy tienes la gracia suficiente y necesaria para enfrentar los desafíos de este día, mañana, ten por seguro que habrá una nueva porción esperándote para enfrentar los nuevos desafíos.
Oración
Señor, hoy me acerco a Ti para entregarte mi cansancio, mis ansiedades y mis dudas, ayúdame a ver mi desierto temporal como un lugar de preparación y no como un escenario de derrota, dame la valentía inquebrantable de Josué y Caleb para enfrentar a mis gigantes diarios, recordando en todo momento que Tú eres más grande que cualquier obstáculo que se levante frente a mí, enséñame a depender de tu provisión diaria, de tu maná de gracia y de tu amor incondicional, guía cada uno de mis pasos, sé mi nube de día y mi fuego de noche, hasta que mis ojos puedan ver cumplidas tus preciosas promesas en mi vida, sé que mi destino está seguro en tus manos. En el nombre de Jesús, Amén.
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Dios te bendiga

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