No necesito ser perfecto, necesito estar dispuesto
María no ofreció a Dios un currículum impecable, ni una estrategia brillante; ofreció la disposición total de su ser, su respuesta ante lo imposible es un modelo de fortaleza para todo aquel que anhela caminar con el Señor.
Lucas 1:38 "Entonces María dijo: He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra. Y el ángel se fue de su presencia."
Es más fácil decirlo que hacerlo, olvidando el peso real que estas palabras tenían en su contexto histórico, al aceptar el llamado de Dios, María estaba arriesgando su reputación, su futuro matrimonio con José e incluso su propia vida, ya que la ley mosaica era severa respecto a un embarazo fuera del matrimonio.
Declararse "sierva" implica una pertenencia absoluta no fue un acto de sumisión débil, fue un salto de fe lleno de valentía, María estaba diciendo: "Señor, no entiendo todos los detalles de este plan, ni sé cómo me protegerás de la tormenta social que se avecina, pero mi vida te pertenece".
Dios no nos exige que comprendamos todo el panorama antes de obedecer, Él solo nos pide un corazón dispuesto, cuando le damos a Dios nuestro "sí", Él asume la responsabilidad de sostenernos en medio de las consecuencias.
La actitud de sierva de María no nació de un vacío emocional, sino de una mente saturada de las Escrituras, esto se hace evidente cuando ella visita a su parienta Elisabet y responde al saludo de su prima (Lucas 1:46-55).
- Reconocimiento de la soberanía: María alaba a Dios por su poder y santidad.
- Memoria histórica: Ella recuerda cómo Dios ha defendido a los humildes y derribado a los soberbios a lo largo de la historia de Israel.
- Esperanza en las promesas: Conecta su experiencia personal con las promesas hechas a Abraham.
Sus palabras refleja la oración de Ana (1 Samuel 2) y varios de los Salmos, esto nos muestra que la verdadera actitud de servicio viene del conocimiento de la Palabra de Dios, en los momentos de duda, María no se apoyó en sus propias emociones, sino en el carácter inmutable de Dios que ella había aprendido en las Escrituras, cuando llenamos nuestro interior con la verdad de Dios, nuestra respuesta natural ante la adversidad no será el temor, sino la alabanza.
La disposición de María no se limitó al glorioso momento del nacimiento en Belén, ser una sierva del Señor implicó caminar una senda dolor, de hecho el profeta Simeón se lo advirtió: "y una espada traspasará tu misma alma" (Lucas 2:35).
Años más tarde, encontramos a María al pie de la cruz (Juan 19:25), ver a su hijo agonizar debió ser el dolor más desgarrador imaginable, pero ella estaba allí, no huyó, su compromiso de ser la sierva del Señor se mantuvo firme hasta el final.
Esto nos recuerda que el servicio a Dios tiene temporadas, hay temporadas de gozo, pero también hay temporadas de silencio y dolor, la verdadera fe permanece firme junto a la cruz a pesar de lo que se esté viviendo, confiando en que el Dios que prometió redención en el principio, es capaz de traer resurrección después de la muerte.
Dios toma lo ordinario, lo quebrantado y lo sencillo, y lo llena de Su presencia para hacer cosas extraordinarias, no necesitamos ser perfectos; necesitamos estar dispuestos, no necesitamos tener todas las respuestas; necesitamos tener las manos abiertas.
La historia de María es una invitación a soltar el control de nuestras vidas, es un llamado a confiar en que los planes del Señor, aunque a veces resulten misteriosos o desafiantes, siempre están guiados por su amor inagotable.
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