La gracia vence la envidia


Génesis 37:3-4 "3 Y amaba Israel a José más que a todos sus hijos, porque lo había tenido en su vejez; y le hizo una túnica de diversos colores. 
4 Y viendo sus hermanos que su padre lo amaba más que a todos sus hermanos, le aborrecían, y no podían hablarle pacíficamente."

Para José, esa túnica de colores era un símbolo del amor de su padre; pero para sus hermanos, era un recordatorio de lo que ellos no tenían, la envidia es, en esencia, una distorsión de la vista, no nos permite ver nuestras propias bendiciones porque nuestros ojos están fijos en la bendición de alguien más.

En muchas familias y comunidades, la envidia actúa como un ácido silencioso, no explota de inmediato; corroe lentamente, los hermanos de José no se despertaron un día odiándolo; el odio creció poco a poco en el silencio, en las miradas cruzadas y en la incapacidad de celebrar el favor de Dios sobre el hermano.

Imaginen la escena en Dotán, el "soñador" se acerca, y la envidia de sus hermanos alcanza su punto más alto, le quitan la túnica (el objeto de su ofensa) y lo arrojan a una cisterna.

La cisterna representa esos momentos en la vida donde sentimos que la maldad de otros ha ganado, es el lugar frío, oscuro y solitario donde nos preguntamos: "¿Dónde está el Dios de mis sueños?", José pasó de ser el hijo favorito a ser un objeto de comercio, vendido por veinte piezas de plata a una caravana de ismaelitas que iba rumbo a Egipto.

Aquí es donde la historia podría haber terminado en una tragedia: el héroe destruido por los celos de sus hermanos, pero la Biblia no es una tragedia; es una historia de redención, lo que los hermanos veían como la eliminación de un problema, Dios lo veía como el transporte hacia el destino.

A veces, la envidia de otros es el vehículo que Dios usa para movernos de nuestra zona de confort hacia nuestra zona de propósito, la cisterna no fue el final de José; fue simplemente la primera estación de su ascenso.

Pasaron años, años de esclavitud en la casa de Potifar, años de injusticia en una prisión olvidada, es fácil leer la historia en cinco minutos, pero vivirla tomó décadas, ¿Qué pasó en el corazón de José durante ese tiempo?

Si José hubiera guardado rencor, su amargura lo habría envenenado más rápido que cualquier cárcel egipcia, la envidia de sus hermanos le quitó su túnica, le quitó su libertad y le quitó su juventud, pero hubo una cosa que nunca pudieron quitarle: El favor de Dios y su integridad.

La envidia puede despojarnos de posesiones materiales o de posiciones sociales, pero no tiene poder sobre nuestra identidad en Dios, en la oscuridad de la prisión, José aprendió que su valor no dependía de lo que su padre pensaba de él, ni de lo que sus hermanos decían de él, sino de quién era Dios con él.

Dios estaba usando la "ausencia" de su familia para trabajar en la "presencia" de Su Espíritu en José, lo estaba preparando no solo para gobernar Egipto, sino para tener la capacidad emocional de perdonar, un José inmaduro con poder habría destruido a sus hermanos; un José procesado por Dios los salvó.

El hambre llega a la tierra, y los hermanos que una vez vendieron a José ahora están postrados ante él, sin reconocerlo, José tiene todo el poder político y militar para ejecutar la venganza perfecta, la lógica humana decía: "Ojo por ojo", pero entonces leemos una declaración poderosas, Con lágrimas en los ojos, José les dice:

Génesis 50:20 "Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo."

Esta es la medicina para el alma herida por la envidia, José entendió la Soberanía Divina, entendió que, aunque los seres humanos tienen libre albedrío para dañar, Dios tiene la soberanía suprema para redirigir ese daño hacia un bien mayor.

La envidia de sus hermanos fue real y fue pecado, pero la gracia de Dios fue mayor, la envidia intentó matar al soñador para detener el sueño, pero irónicamente, la envidia fue la herramienta que envió al soñador al lugar exacto donde el sueño se cumpliría.

¿Qué nos dice esto a nosotros hoy, ya sea que estemos luchando con la envidia propia o sufriendo por la de otros?

  1. Si has sido herido por la envidia: Cobra ánimo, no eres una víctima de las circunstancias ni de las malas intenciones de la gente, eres un participante activo en un plan divino que es más grande que tu dolor, Dios no desperdicia nada, si estás en la cisterna, recuerda que el palacio es parte de la misma historia, no permitas que la amargura eche raíces; mantén tu corazón suave, porque Dios te exaltará a su debido tiempo.

  2. Si luchas con la envidia hacia otros: Mira la historia de los hermanos, vivieron años con culpa, miedo y mentiras, la envidia es una cárcel, la buena noticia es que en la casa del Padre hay túnicas para todos, no necesitas la bendición de tu hermano; Dios tiene una diseñada a tu medida, con un propósito único que nadie más puede cumplir, alégrate con los que se alegran, y verás cómo tu propio corazón sana.

  3. La invitación al perdón: La reconciliación de José con sus hermanos es un cuadro del Evangelio, Jesús, al igual que José, fue traicionado por los suyos, vendido y entregado a la muerte por envidia (Marcos 15:10), pero a través de esa traición, Dios trajo la salvación al mundo, si Jesús pudo perdonar desde la cruz, y José pudo perdonar desde el trono, nosotros podemos perdonar hoy.

Conclusión

La historia de José y sus hermanos nos enseña que el mal no tiene la última palabra, la envidia es poderosa, sí, pero la Providencia de Dios es omnipotente.

Hoy, levanta la vista, si sientes que te han quitado tu "túnica", recuerda que Dios está preparándote una corona, no te detengas en el dolor de la traición; enfócate en la promesa de la restauración, Dios es experto en tomar lo que fue diseñado para nuestra destrucción y usarlo para nuestra construcción.

Que tu oración hoy sea: "Señor, gracias porque mi vida no está en manos de quienes me envidian, sino en las manos de quien me ama, ayúdame a perdonar como José y a confiar como él, sabiendo que Tú encaminas todo para bien."

Camina con esperanza. Tu historia no ha terminado.

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Dios te bendiga

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