Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe


Juan el Bautista no era un hombre de palacios ni de discursos suaves; era la "voz que clama en el desierto"; durante un tiempo, Juan fue el centro indiscutible del despertar espiritual en Israel después de 400 años de silencio por parte de Dios, las multitudes acudían a él por miles, desde soldados hasta cobradores de impuestos y líderes religiosos, tenía influencia y gente que lo seguía, desde una perspectiva humana, había alcanzado el éxito en el ministerio.

Pero su grandeza no se reveló cuando las multitudes lo seguían, sino que se mostró cuando esa gente que lo seguía comenzaron a marcharse para seguir a otro.

Cuando los propios discípulos de Juan se acercaron a él con preocupación, notando que la gente ahora iba hacia Jesús y se bautizaba con Él, esperaban una reacción de celos, es la reacción natural del humano: proteger la influencia y asegurar el legado construido con tanto esfuerzo.

Vivimos en un mundo que nos impulsa a "crecer", a acumular números, a ser vistos, a expandir nuestra influencia y a mantener el control a toda costa, el éxito se mide por la visibilidad, pero Juan rompe todos los esquemas:

Juan 3:30 "Es necesario que él crezca, pero que yo mengüe."

La frase "es necesario" sugiere una recomendación preferible, Cristo debe crecer, esto es inevitable; cuando comprendemos que debemos menguar para que Cristo crezca, menguar deja de ser una pérdida para convertirse en una alineación perfecta con la voluntad de Dios.

Menguar suele tener una connotación negativa en nuestra mente, lo asociamos con perder valor, con retroceder, con estancamiento o incluso con el fracaso, pero en el Reino de Dios, funciona de manera diferente, para Juan, dar un paso atrás no era un acto de derrota, sino de victoria.

Él entendió que su identidad no estaba definida por el tamaño de su multitud o por los seguidores, sino por su fidelidad al propósito que Dios le había asignado, él se describió a sí mismo como el amigo del esposo, aquel que prepara el camino, organiza la llegada y luego se llena de un gozo completo y absoluto al escuchar la voz del novio, no estamos llamados a ser los salvadores, sino los que muestran el camino al Salvador.

Con frecuencia, existe una gran presión por tener siempre las respuestas, por ser el pilar de los demás, por presentar mensajes siempre innovadores y por hacer que todo avance mediante el esfuerzo propio, es fácil caer en el agotamiento cuando se intenta sostener una obra que, en realidad, le pertenece a otro.

Pero cuando se entiende que estamos llamados a menguar, uno se quita de encima un peso que el ser humano nunca fue diseñado para llevar, Cristo es quien edifica su iglesia; Él es quien transforma los corazones, cuando nosotros menguamos, le damos a Él el espacio para moverse, para sanar, para proveer y para obrar milagros de maneras que nuestras habilidades limitadas nunca podrían lograr.

¿Cómo se ve "menguar" en la vida diaria?

  • Celebrar el avance ajeno: Cuando otros prosperan, el corazón que mengua no siente envidia ni competencia, sino gozo auténtico, porque entiende que es el mismo Reino el que se está expandiendo.
  • Descansar en la soberanía divina: Implica reconocer que no tenemos que forzar ni manipular los resultados, podemos sembrar la palabra, investigar con rigor y regar con amor y excelencia, pero la paz radica en saber que es Dios quien da el crecimiento.
  • Redirigir el reconocimiento: Cuando las cosas salen bien y llega el aplauso, la mente sabia actúa como un espejo, reflejando inmediatamente todo el mérito y la gloria hacia Cristo.

Aceptar nuestras limitaciones con valentía: menguar es admitir la propia debilidad sin vergüenza, permitiendo que el poder y la gracia de Dios se perfeccionen justo allí donde terminan nuestras fuerzas.

Esta perspectiva no es un llamado a la mediocridad o a la pereza, Juan el Bautista no dejó de predicar la verdad, no suavizó sus convicciones ni dejó de señalar el arrepentimiento, hacer las cosas con excelencia y buscar siempre la edificación sigue siendo vital, sin embargo, la motivación interior cambia radicalmente, ya no se trata de construir un monumento personal, sino de mostrar un camino seguro para que otros se encuentren con Jesús.

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Dios te bendiga

Comentarios

  1. Dios sigue trabajando en mi caracter, no puedo volver a ser el mismo de antes hoy fue otro dia con pruebas y las pude superar gracias por todo

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