El chisme no tiene lugar



Pablo compara frecuentemente a la iglesia con un cuerpo humano, esta comparación ilustra nuestra interdependencia, nuestra función conjunta y la necesidad de mantenernos sanos, en este cuerpo, a veces enfrentamos realidades incómodas que amenazan nuestra vitalidad, y una de las más destructivas es el chisme.

Con justa razón se le ha llamado "el cáncer de la iglesia", el chisme rara vez comienza con un ataque frontal, inicia en la oscuridad, con una célula mutada (un comentario a medias, una suposición sin fundamento, una crítica velada), se multiplica silenciosamente y, si no es tratado a tiempo, ataca y destruye nuestra comunión, Cristo nos ha dado las herramientas para extirpar este mal.

Santiago 3:5-6 "5 Así también la lengua es un miembro pequeño, pero se jacta de grandes cosas. He aquí, ¡cuán grande bosque enciende un pequeño fuego! 6 Y la lengua es un fuego, un mundo de maldad. La lengua está puesta entre nuestros miembros, y contamina todo el cuerpo, e inflama la rueda de la creación, y ella misma es inflamada por el infierno."

Piensa en la naturaleza de una chispa, es pequeña, cae sobre hojas secas y al principio parece inofensiva, un chisme es exactamente eso, frases como: "Oye, ¿te enteraste de lo que pasó con...?" o "No quiero juzgar, pero vi que..." son el humo antes del incendio, el chisme destruye reputaciones, rompe amistades.

En un bosque húmedo, lleno del agua viva del Espíritu, no se incendia fácilmente, si nuestros corazones están saturados del amor de Dios, las chispas de la murmuración se apagan al instante al tocar nuestro suelo.

Efesios 4:29 "Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes."

La palabra griega utilizada para "corrompida" es sapros, en la antigüedad, este término se usaba para describir pescado podrido o fruta en estado de putrefacción, es una imagen fuerte, el chisme es sapros; intoxica a quien lo emite, enferma a quien lo consume y deja un olor a muerte en el ambiente.

Pablo nos desafía a usar palabras de oikodomē, que significa construcción o edificación de una casa, nuestras palabras deben ser los ladrillos sólidos y el cemento con los que construimos la fe y la dignidad de nuestros hermanos, jamás el mazo destructivo con el que los derribamos.

Es necesario que seamos honestos y nos apliquemos una autocrítica, el peligro más grande del chisme dentro de la congregación es que rara vez se presenta con intenciones abiertamente maliciosas, muchas veces, lo vestimos de espiritualidad.

¿Cuántas veces un "motivo de oración" se convierte en una excusa para divulgar los detalles íntimos de una familia? ¿Cuántas veces disfrazamos nuestra curiosidad carnal bajo la etiqueta de "preocupación pastoral"?

Si queremos sanar, debemos dejar de justificar la murmuración, a menudo, el chisme nace de una necesidad de sentirse importante o de pertenecer a un círculo de "información exclusiva", debemos llamar a esto por su nombre y decidir cambiar de dirección.

Contradecir nuestra naturaleza carnal no significa simplemente reprimirnos; significa reemplazar el mal hábito con opciones saludables, no basta con decir "no murmures":

  • Opción 1: La Confrontación Redentora. El modelo de Mateo 18 es claro: si tienes una queja o sabes de una falta, ve directamente a la persona a solas, si no eres parte del problema ni parte de la solución, no necesitas la información.

  • Opción 2: Conviértete en el Escudo del Ausente. El chisme requiere de dos partes: el que transmite y el que recibe, el que oye es tan responsable como el que murmura, si alguien llega con un chisme, tienes la oportunidad de ser un escudo, responde con gracia y firmeza: "Hermano, ¿Ya hablaste esto con él? si quieres, te acompaño para que lo hablemos juntos", esto detiene el cáncer en seco y redirige la energía hacia la restauración.

  • Opción 3: El Filtro de la Gracia. Antes de compartir algo, pregúntate: ¿Es absolutamente verdad? ¿Es bondadoso? ¿Es edificante que yo lo comparta? si la respuesta es NO en alguna de estas tres, guárdalo en silencio y llévalo únicamente a Dios en oración genuina.

La iglesia no está destinada a ser consumida por este mal, somos el cuerpo de Cristo, llenos de un poder de resurrección que puede sanar cualquier división.

Imagina el impacto sobrenatural de una congregación donde cada persona sabe que su nombre y su integridad están seguros en la boca de su hermano, imagina una comunidad tan enfocada en construir el Reino, estudiar la Palabra y amar a los perdidos, que no tiene tiempo ni espacio para destruir a su prójimo.

Ese es el diseño original de Dios, que nuestra lengua sea un instrumento de sanidad, de gracia inmerecida y de edificación constante, que cuando el mundo nos observe, no vea un lugar de contienda, sino un refugio inquebrantable de amor y honor genuino.

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Dios te bendiga

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