Dios resiste a los soberbios



Santiago 4:6 "Pero él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes."

Creemos que el orgullo espiritual es una actitud arrogante y visiblemente desagradable, pensamos en el fariseo de la parábola, de pie en la sinagoga, haciendo una lista de sus logros en voz alta, pero el verdadero peligro, es que el orgullo espiritual suele ser mucho más sutil y silencioso.

El orgullo espiritual difícilmente ataca cuando estamos en nuestros peores momentos, cuando fallamos, cuando somos débiles, en esos momentos es cuando reconocemos que necesitamos de Dios; el peligro surge, irónicamente, cuando estamos haciendo las cosas bien.

Cuando tu vida de oración es constante, cuando tu servicio es efectivo, cuando tu conocimiento bíblico aumenta y cuando los demás empiezan a exaltarte; ahí es donde empezamos a creer, en lo secreto de nuestro corazón, que hemos acumulado cierto "crédito" con Dios, comenzamos a mirar a otros que luchan con sus debilidades no con compasión, sino con una sutil impaciencia, pensando: "¿Por qué no pueden ser más disciplinados? ¿Por qué no se esfuerzan como yo?".

Pablo lanza una pregunta (1 Corintios 4:7) "¿o qué tienes que no hayas recibido? Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?".

Desde nuestra capacidad para orar hasta nuestro deseo de buscar a Dios es un regalo, esto nos quita la presión de tener que mantener una imagen de perfección.

El orgullo espiritual es agotador, requiere una energía inmensa mantener la fachada de que "todo está bien", de que siempre somos fuertes, sabios y estamos en control, nos obliga a estar siempre a la defensiva, si alguien nos critica, el orgullo se siente herido y contraataca porque nuestra identidad está construida sobre nuestro desempeño.

Imagina la libertad de no tener que tener siempre la razón, imagina el alivio de poder decir: "No lo sé", "Me equivoqué", o "Estoy luchando con esto y necesito ayuda", Dios no te llamó a ser una estatua de mármol perfecta e intocable; Él te llamó a ser un hijo vivo, dependiente y amado.

Santiago 4:6 "Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes".

El orgullo actúa como un escudo que repele a Dios, cuando decimos "Yo puedo solo", Dios, en su misericordia, nos deja intentarlo para que veamos nuestra insuficiencia, pero cuando bajamos la guardia, cuando admitimos nuestra necesidad, se abre una puerta de la gracia, como el agua, la gracia de Dios siempre busca el nivel más bajo para llenarlo, si te sitúas en la cima de tu propia autosuficiencia, te secarás, si desciendes al valle de la humildad, serás saciado.

El antídoto contra el orgullo espiritual no es la humillación ni el desprecio por uno mismo, no se trata de mirarte al espejo y decir "soy terrible", el antídoto es levantar la mirada y ver la grandeza de Cristo.

Cuando Isaías vio al Señor en su trono, alto y sublime, su reacción fue reconocer su propia impureza, pero Dios no lo dejó allí destruido; envió un carbón encendido para limpiarlo y darle un propósito, la verdadera visión de Dios nos humilla, sí; pero inmediatamente nos levanta, nos limpia y nos da un propósito mayor.

El orgullo espiritual nos encierra en una celda pequeña donde el "yo" es el rey, la humildad derriba las paredes de esa celda y nos conecta con el vasto océano del poder de Dios.

Conclusión

Te invito a soltar el peso de tener que ser el "cristiano perfecto", el peligro del orgullo espiritual es que nos roba la alegría de ser simplemente hijos.

Si sientes que has estado mirando a otros por encima del hombro, o si te sientes agotado por mantener una imagen espiritual, hay buenas noticias: puedes bajar de ese pedestal, el suelo al pie de la cruz es plano; allí no hay jerarquías, solo pecadores redimidos por un amor incomprensible.

La humildad te dará una nueva visión, empezarás a ver a las personas difíciles no como estorbos, sino como compañeros de lucha que necesitan la misma gracia que tú, empezarás a ver tus propios talentos no como méritos propios, sino como herramientas prestadas para servir, y sobre todo, recuperarás el asombro, el orgullo mata el asombro porque cree que ya lo ha visto todo, la humildad vive en un estado de maravilla constante ante la bondad de Dios.

Que hoy puedas respirar profundo y decir: "Señor, no soy yo, eres Tú, no es mi fuerza, es tu gracia, y en esa debilidad mía donde Tú te haces fuerte".

Aplicación práctica

  • Cuando esté haciendo bien las cosas tendré cuidado de que mi corazón no se envanezca.
Si este devocional ha sido de bendición para tu vida, compártelo.

Dios te bendiga

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