Decido Perdonar
¿Cuántas veces hemos estado con una herida en el corazón, esperando que llegue el "médico" llamado Sentimiento?, nos decimos a nosotros mismos: "Cuando deje de doler, perdonaré", o "Cuando sienta que esa persona realmente lo merece, entonces soltaré esta ofensa".
Pasan los días, los años y el sentimiento de querer perdonar nunca llega, al contrario, la herida parece infectarse con el tiempo, convirtiéndose en amargura: el perdón no es una emoción que llega con el tiempo, el perdón es una llave que decidimos usar para abrir la puerta de nuestra propia libertad.
Es natural que, cuando alguien nos lastima, nuestra primera reacción sea el dolor, seguido a menudo por la ira, estas emociones son señales de alerta; nos dicen que algo valioso ha sido vulnerado, no está mal sentirse herido. Jesús lloró; Jesús sintió angustia.
El problema surge cuando permitimos que esas emociones tomen el control de nuestras decisiones espirituales, si esperamos a "sentirnos bien" para perdonar, estamos poniendo nuestra sanidad en manos de lo más inestable que tenemos: nuestros sentimientos.
El corazón humano es engañoso, al rencor es una forma de castigar al ofensor, es como si nosotros tomáramos el veneno, esperando que el otro muera, pero la realidad es que la falta de perdón es una celda donde el único prisionero eres tú.
El perdón no es un sentimiento, es una decisión.
Es un acto de la voluntad, perdonar significa mirar la deuda que alguien tiene contigo (el dolor que te causó, lo que te robó, la mentira que dijo) y estampar sobre ese documento el sello de "CANCELADO".
¿Significa esto que el dolor desaparece instantáneamente? no necesariamente, ¿Significa que lo que hicieron estuvo bien? Por supuesto que no.
¿Significa que debes restaurar la confianza de inmediato? No, la confianza se reconstruye con el tiempo; el perdón se otorga por gracia.
Imagina que te rompes un hueso, ir al médico para que lo acomode y ponga un yeso es una decisión, no es una decisión agradable; de hecho, puede doler, pero decides hacerlo porque sabes que es el único camino para que el hueso suelde correctamente y puedas volver a caminar, el perdón es esa decisión de alinear el hueso fracturado del alma para que pueda comenzar a sanar.
Dios no nos perdona porque un día se despertó "sintiendo" que éramos adorables, la Biblia es clara en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros, el perdón de Dios hacia nosotros es un acto de Su carácter, basado en un pacto, no en un capricho emocional, Él decidió amarnos, Él decidió borrar nuestras rebeliones.
Cuando Jesús estaba en la cruz, con el cuerpo destrozado y el corazón pesado, exclamó: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen", en ese momento de agonía, Jesús no "sentía" placer ni alegría, pero Su voluntad estaba firme en el propósito del amor, Él decidió perdonar en medio del dolor más agudo.
Si Él, que era inocente, pudo decidir perdonar, Él también puede darnos la fuerza para hacer lo mismo; no se nos pide que perdonemos con nuestras propias fuerzas, sino con la fuerza del Cielo.
Si hoy te encuentras luchando con el rencor, te animo a ver el perdón no como un evento único, sino como un proceso que comienza con una decisión, a veces, el perdón es como las capas de una cebolla, decides perdonar hoy, y mañana puede que el recuerdo vuelva a doler, en ese momento, no te desanimes, no has fallado, simplemente necesitas reafirmar tu decisión: "Señor, ayer decidí perdonar, y hoy ratifico esa decisión, no tomaré de vuelta esta ofensa".
Con el tiempo, algo milagroso sucede, cuando la voluntad se mantiene firme en la decisión de perdonar, los sentimientos comienzan a alinearse, la herida deja de palpitar, el recuerdo deja de tener garras afiladas, un día, te darás cuenta de que puedes pensar en esa persona o situación y desearle el bien, y te sorprenderás al notar que el peso ha desaparecido.
El orden es este:
- Decisión (Obediencia y Voluntad).
- Proceso (Tiempo y Gracia).
- Sanidad (Cambio de Emociones).
Perdonar es el regalo más grande que puedes darte a ti mismo, es cortar el ancla que te mantiene atado al pasado, mientras no perdonas, sigues atado a quien te hirió, cuando perdonas, recuperas tu vida.
Imagina lo libre que serás cuando dejes el pasado atrás, imagina el espacio que se abrirá en tu corazón para recibir nuevas bendiciones, nuevas amistades y una nueva profundidad en tu relación con Dios, un corazón ocupado por el rencor no tiene manos libres para recibir los regalos del presente.
Hay esperanza, no importa cuán profunda sea la herida, la gracia de Dios es más profunda todavía, no tienes que esperar a sentirlo, solo tienes que estar dispuesto.
Oración para perdonar
Señor Jesús, Tú conoces mi herida y sabes que mis sentimientos están lastimados, reconozco que no siento deseos de perdonar, pero hoy entiendo que no debo ser esclavo de mis emociones.
Hoy, en un acto de fe y obediencia, tomo la decisión de perdonar a [Nombre], decido cancelar su deuda conmigo, renuncio a mi derecho de venganza y suelto el juicio en tus manos, te pido que sanes mi corazón, donde hubo amargura, pon tu paz, donde hubo dolor, pon tu bálsamo.
Enséñame a caminar en la libertad de los hijos de Dios, gracias porque Tú me perdonaste primero, en el nombre de Jesús, Amén.
Oración para perdonarme
Hoy vengo ante Ti cansado de cargar con este peso, tú sabes que me he convertido en mi juez más severo, he repasado mis errores una y otra vez en mi mente, castigándome por lo que hice, por lo que no hice, y por lo que debí haber sabido.
Señor, reconozco que me he equivocado, no escondo mis fallas ante Ti, pero hoy también reconozco una verdad mayor, Tu gracia es más grande que mi error, Tu misericordia es más fuerte que mi culpa.
En este momento, tomo una decisión de voluntad:
Me perdono a mí mismo por mis imperfecciones.
Me perdono por no haber tenido en el pasado la sabiduría que tengo hoy.*
Me perdono por haberme lastimado y por haber permitido cosas que no merecía.*
Suelto la necesidad de castigarme, acepto mi humanidad, gracias por la oportunidad de empezar de nuevo.
Recibo tu abrazo. Me levanto del suelo de la culpa y me pongo de pie en tu gracia.
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