Controlando el fuego que destruye
Tenemos la tendencia a clasificar nuestras emociones en dos categorías: las "santas" y las "peligrosas", ponemos la alegría y la paz en el primer grupo; el miedo, la tristeza y sobre todo el enojo en el segundo grupo, existe la creencia de que un cristiano maduro siempre debe estar sonriendo, siempre debe ser imperturbable y nunca debe sentir la sangre le hierve.
Pero quiero decirte que: sentir enojo no es pecado.
El enojo es una emoción diseñada por Dios, es un sistema de alarma que se enciende cuando percibes una injusticia, cuando se violan ciertos límites, si no pudieras sentir enojo, serías indiferente ante el mal; el problema, no es la chispa, sino el incendio que permitimos que esa chispa provoque.
Pablo nos da una instrucción que parece contradictoria: "Airaos, pero no pequéis", reconoce la realidad de la ira, es como si dijera: "El enojo vendrá; cuando llegue, aquí está el límite".
El pecado no entra cuando la emoción surge; el pecado entra cuando la emoción toma el control de tus acciones.
- El enojo se convierte en pecado cuando busca destruir, si tu respuesta al dolor es querer herir a otro con palabras hirientes o acciones vengativas, has cruzado la línea.
- El enojo se convierte en pecado cuando se vuelve resentimiento, Pablo advierte sobre "que no se ponga el sol sobre vuestro enojo", esto es una advertencia contra el almacenamiento del enojo, el enojo guardado se convierte en amargura y la amargura es un veneno tú que te tomas esperando que muera el otro.
Jesús se enojó, vemos su indignación en el templo al ver cómo la casa de Su Padre se había convertido en un mercado, pero su enojo tenía un propósito (limpiar el templo), no un propósito destructivo (aniquilar a las personas), su enojo estaba bajo el control del Espíritu.
¿Cómo bajamos esto de la teoría a la práctica? ¿Qué hacemos por la mañana cuando el tráfico es insoportable, o cuando un familiar nos hiere profundamente?
1. Practica la pausa, Santiago 1:19 "Todo hombre sea pronto para oír, tardo para hablar, tardo para airarse", cuando estamos enojados nuestra carne quiere reaccionar ya, quiere defenderse ya, la primera victoria espiritual es simplemente detenerse, imagina que tienes un botón de pausa, antes de responder ese mensaje, antes de levantar la voz, tómate un minuto y respira; en ese silencio, esa pausa es el puente entre la reacción carnal y la respuesta espiritual.
2. Identifica la raíz oculta El enojo casi nunca viaja solo; suele ser ir acompañado de otras emociones, nos enojamos porque en realidad estamos:
- Asustados.
- Heridos o rechazados.
- Avergonzados.
- Agotados.
3. Entrega el derecho a la venganza, esta es la parte más difícil, el enojo sin pecar necesita que renunciemos a nuestro "derecho" de hacer pagar al otro, romanos 12:19 es claro: "Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor", cuando intentamos cobrar la deuda emocional nosotros mismos, nos ponemos en el lugar de Juez, un lugar que solo le corresponde a Dios, soltar el enojo es decir: "Dios, confío en que Tú eres justo, no necesito destruir a esta persona para estar bien, te entrego esta situación".
Es posible que estés leyendo esto y pensando: "Todo suena muy bien, pero ya he fallado, ayer grité. hoy perdí la paciencia, siento que mi carácter es demasiado fuerte para ser domado".
Aquí es donde entra la gracia de Jesús, tu temperamento no es tu destino, el Evangelio no es solo un mensaje de perdón para cuando fallamos, es un mensaje de poder para cambiar, el mismo Espíritu que levantó a Jesús de los muertos vive en ti (Romanos 8:11), eso significa que tienes dentro de ti la capacidad sobrenatural para responder con suavidad cuando todo tu cuerpo quiere gritar.
No te desanimes por tus caídas, la santificación es un proceso, no un instantánea, cada vez que logras detener una palabra hiriente, aunque solo sea una vez de cada diez, estás ganando terreno, Dios celebra esos pequeños avances, Él no está con un látigo esperando que falles; está con los brazos abiertos, ofreciéndote Su fuerza para intentarlo de nuevo.
Recuerda que Dios es paciente contigo, Él soporta nuestras imperfecciones, nuestros días malos y nuestras quejas con un amor inalterable, si Él tiene tanta paciencia con nosotros, podemos recurrir a Su fuente para tener un poco de paciencia con los demás.
Quiero animarte a realizar tres acciones sencillas esta semana:
Memoriza una "Roca de Refugio": Escoge un versículo (como Proverbios 15:1: "La blanda respuesta quita la ira") y tenlo listo en tu mente.
El "Inventario Nocturno": Antes de dormir, si hay algún residuo de enojo contra alguien, haz una oración simple: "Señor, perdono a [nombre] por [ofensa]. No me llevaré esto a la cama. Lo dejo en tus manos". No dejes que el sol se ponga sobre tu enojo.
Ora por quien te irrita: Es casi imposible seguir odiando a alguien por quien estás orando sinceramente, pide a Dios que bendiga a esa persona, esto cambia tu corazón, incluso si no cambia el de ellos.
Aplicación práctica
- Tengo derecho a sentirme enojado, pero no causaré daño.
- Antes de responder tomaré una pausa de un minuto, de una hora; pero no dejaré que mis emociones tomen el control.
- Oraré bendiciendo la vida de la persona que me ha lastimado.
- Si me llego a enojar, no me condenaré, porque entiendo que esto es un proceso.
Si este devocional ha sido de bendición para tu vida, compártelo.
Comparte en los comentarios lo que Dios te ha hablado a través de este devocional.
Dios te bendiga

Comentarios
Publicar un comentario