Cómo amar a mi pareja
Efesios 5:31-32 "31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia."
El matrimonio no es una invención humana; es un diseño divino concebido con un propósito , su fin no es únicamente brindarnos felicidad o compañía (aunque esos son regalos de Dios), su propósito más importante es contar una historia, cada matrimonio cristiano está llamado a ser un escenario vivo donde se proyecta la obra de amor más grande jamás contada: el evangelio mismo.
Pablo nos enseña que el misterio del matrimonio ha sido finalmente decodificado en la persona y obra de Jesucristo, para comprender cómo amar verdaderamente, no necesitamos mirar a la cultura que nos rodea; debemos mirar a Jesús.
Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella, este es el corazón del matrimonio, no estamos hablando de un amor condicionado a los méritos del otro, es un amor de pacto, inquebrantable y profundamente sacrificial.
En la intimidad de nuestros hogares, este sacrificio rara vez requiere que demos nuestra vida física, pero sí demanda que entreguemos nuestra vida diariamente en lo cotidiano, es el sacrificio silencioso de ceder en una discusión para proteger la paz, es la valentía de pedir perdón y la humildad de otorgarlo cuando duele, es decidir escuchar con atención y empatía cuando estamos exhaustos después de un largo día. al hacer esto, no solo estamos manteniendo la paz en casa; estamos imitando a nuestro Salvador.
Comprender que el matrimonio refleja a Cristo nos recuerda que el fundamento de nuestra relación no es nuestra propia perfección, la Iglesia no era un cuerpo intachable cuando Cristo derramó su sangre por ella, de la misma manera, no nos casamos con personas perfectas, nosotros tampoco somos la perfección andando.
El matrimonio es, en esencia, la unión de dos personas imperfectas que han sido transformadas por la gracia y que ahora están aprendiendo a entenderse mutuamente, cuando entendemos esto, los errores de nuestro cónyuge no se convierten en munición para la próxima batalla, sino en oportunidades para amar como Jesús nos ama.
El matrimonio se convierte así en un taller de santificación, nos pule, nos transforma y nos confronta amorosamente con nuestro propio egoísmo para que el fruto del Espíritu pueda florecer, el Señor no demanda que tengamos un historial impecable en nuestro hogar, sino que tengamos un corazón dispuesto a ser llenado de Su gracia cada mañana.
Cristo nutre y cuida a su Iglesia, lavándola "por el lavamiento del agua por la palabra" (Efesios 5:26). Este cuidado constante es lo que produce belleza, pureza y vida. Pero, ¿Cómo se traduce este misterio teológico a la realidad diaria de nuestro hogar?
Hablando vida y verdad: Nuestras palabras tienen poder creador o destructor, cuando elegimos el estímulo sobre la crítica, cuando recordamos a nuestro cónyuge su identidad en Cristo en medio del desánimo, estamos "lavándonos" con la Palabra, nuestras palabras deben ser un refugio seguro.
Sirviendo con gozo: Así como Jesús lavó los pies de sus discípulos, el servicio en el hogar (desde lavar los platos hasta cuidar a los niños en la madrugada) es una expresión del amor de Cristo.
Cultivando la intimidad espiritual: La profunda cercanía que Cristo desea con su pueblo se refleja cuando marido y mujer oran juntos, compartir los temores más profundos y celebrar la bondad de Dios une los corazones de una manera que las presiones del mundo no pueden quebrar.
Hoy, más que nunca, nuestra sociedad necesita desesperadamente ver matrimonios que funcionen, no porque sean inmunes a las crisis, a las enfermedades o a los problemas financieros, sino porque saben exactamente a quién acudir cuando las tormentas amenazan con destruir sus hogares.
Cada vez que decides amar a tu esposo o esposa en medio de la dificultad, estás predicando el evangelio sin pronunciar una sola palabra, le estás diciendo al mundo que te observa: "Así es como Dios nos ama; Él no nos abandona cuando las cosas se ponen difíciles".
Habrá temporadas de invierno en toda relación, donde el cansancio pesa y el romance parece adormecido, pero la promesa central de nuestra fe es la resurrección, siempre hay esperanza de renovación, si el poder de Dios pudo vencer la muerte misma, ciertamente tiene el poder para restaurar la alegría, reavivar el primer amor y sanar cualquier herida en dos corazones dispuestos a rendirse a Sus pies.
El gran misterio ha sido revelado, no caminamos solos en la tarea de edificar nuestros matrimonios, que hoy podamos mirar a nuestro cónyuge no solo como nuestro compañero terrenal, sino como el regalo a través del cual tenemos el privilegio de representar el amor infinito de Dios, sigamos adelante con valentía, amando con esperanza y abrazando este hermoso y glorioso misterio.
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