Pasando el testigo



2 Timoteo 2:2 "Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros."

En estos tiempos estamos acostumbrados a vivir nuestras vidas como si fuera una carrera de velocidad, una carrera de 100 metros donde lo único que importa es lo rápido que vamos, nos enfocamos en nuestros logros personales y en nuestra propia espiritualidad, sin pensar en las personas que están a nuestro alrededor, pero, el Reino de Dios no funciona como una carrera de 100 metros; funciona como una carrera de relevos.

En una carrera de relevos, el momento más crítico no es cuando el corredor alcanza su velocidad máxima, sino el momento tenso y preciso en el que el testigo pasa de una mano a otra, si ese intercambio falla, todo el esfuerzo que se hizo... se pierde.

El legado no es lo que dejamos para los demás; es lo que dejamos en los demás, preparar a un "Timoteo" es el acto de fe más desafiante que un creyente puede emprender, es el arte de trascender nuestra propia vida para sembrar en la próxima generación.

Cuando Pablo escribe su segunda carta a Timoteo, está en una celda fría en Roma, consciente de que su tiempo en la tierra se está acabando, podría haber caído en la desesperación o en la nostalgia de sus "días de gloria", sin embargo, su mente estaba llena de esperanza, ¿Por qué? Porque él no se veía a sí mismo como el final de la historia; Pablo entendía que su ministerio no moría con él, él había vertido su vida en un joven fiel: Timoteo.

Para preparar a un Timoteo, debemos tener la humildad de reconocer que no somos indispensables, nuestro trabajo es simplemente correr bien nuestro tramo y asegurarnos de que alguien esté listo para tomar el testigo cuando nuestras fuerzas se acaben.

Vivimos en una cultura obsesionada con el carisma, el talento y la capacidad visible, buscamos a los "superestrellas" espirituales, pero cuando Pablo le dice a Timoteo que busque a sus sucesores, no le dice: "Busca a los más elocuentes, a los más carismáticos o a los más populares".

Él dice: "Encarga esto a hombres fieles que sean idóneos".

Al buscar a tu Timoteo, no busques la perfección inmediata, busca un corazón enseñable, busca a alguien que:

  • Ame la opinión de Dios más que la opinión de las personas.
  • Esté dispuesto a servir en las sombras antes de brillar en la luz.
  • Tenga la resistencia para permanecer cuando las emociones se desvanecen.

A veces, tu Timoteo no será la persona que todos miran, puede ser alguien que necesita ser pulido, alguien en quien nadie más ha creído, Jesús eligió a pescadores, no a eruditos religiosos, para cambiar el mundo, tu legado puede estar escondido en alguien que solo necesita que tú creas en él.

Preparar a un Timoteo no es dar una clase semanal ni recomendar un par de libros, es abrir la vida, es permitir que otro vea no solo tus victorias, sino también tus batallas y porque no decirlo... tus derrotas.

Pablo llamaba a Timoteo "verdadero hijo en la fe", no era un estudiante; era familia, la paternidad espiritual requiere vulnerabilidad, significa dejar que tu Timoteo vea cómo manejas la decepción, cómo oras cuando el cielo parece de bronce, y cómo pides perdón cuando te equivocas.

El legado se transmite en lo cotidiano, se transfiere en las conversaciones de sobremesa, en los viajes compartidos, en los momentos de crisis ministerial, es un proceso artesanal, lento y a veces doloroso, habrá momentos en los que tu Timoteo te decepcionará, o momentos en los que tú sentirás que no tienes nada más que dar.

Dios no te pide que llenes la copa de otro con tu propia agua, sino que le enseñes a ir a la Fuente, tu trabajo no es clonarte a ti mismo, sino ayudar a tu Timoteo a descubrir la plenitud de Cristo en su propio diseño.

Quizás la parte más difícil de preparar a un Timoteo es el momento de soltar, llegará el día en que el alumno debe empezar a caminar solo, y quizás, lo haga de una manera diferente a la tuya.

En los momentos cuando se separan pastores, profetas y veo a muchos de ellos que fueron mis discípulos, me siento satisfecho por haber invertido mi vida en hombres que han crecido, han madurado; espero que ellos superen mis logros y hagan cosas mayores, algunos siguen sirviendo conmigo en el ministerio, otros tomaron sus propios caminos en el Señor, en ese momento siento un orgullo santo.

Ese debe ser nuestro anhelo, que nuestros "Timoteos" se paren sobre nuestros hombros para alcanzar alturas que nosotros nunca pudimos ver.

Cuando inviertes en personas, estás invirtiendo en la eternidad, los edificios se caen, los programas terminan, las tendencias cambian, pero un alma encendida por el Evangelio, que a su vez enciende a otra, crea una cadena ininterrumpida que llega hasta el trono de Dios.

Conclusión

Si hoy te sientes cansado, si sientes que tus esfuerzos son en vano, levanta la vista, Dios es un Dios de generaciones, Él es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, Él piensa en la continuidad.

Te animo a que mires a tu alrededor esta semana, no busques multitudes, busca esa mirada atenta, ese corazón dispuesto, pregúntate: "¿Quién es mi Timoteo?" Y si ya lo tienes, dedícate a él con renovada esperanza.

El mundo puede olvidar tu nombre, pero si preparas bien a tu Timoteo, el nombre de Jesús seguirá siendo proclamado con poder mucho después de que tú hayas partido, y ese, querido hermano, es el único legado que vale la pena.

Aplicación práctica

  • No dejaré que el ministerio termine con mi muerte.
  • Buscaré a mi Timoteo para que el legado de Jesucristo permanezca.


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Dios te bendiga

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