No dejaré que la Bendición se transforme en Maldición



Deuteronomio 8:11-14 "11 Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios, para cumplir sus mandamientos, sus decretos y sus estatutos que yo te ordeno hoy; 12 no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas en que habites, 13 y tus vacas y tus ovejas se aumenten, y la plata y el oro se te multipliquen, y todo lo que tuvieres se aumente; 14 y se enorgullezca tu corazón, y te olvides de Jehová tu Dios, que te sacó de tierra de Egipto, de casa de servidumbre;"

Hay algo en el éxito que debemos prestarle atención, ya sea que acabamos de ver el crecimiento en la iglesia, estamos en un buen momento económico, estamos bien en el trabajo o logramos esa estabilidad familiar que tanto deseamos; la victoria tiene un sabor dulce, es el cumplimiento de las promesas de Dios, son la respuesta a nuestras oraciones, Dios se goza en prosperar a sus hijos, y el éxito, en su esencia bíblica, es una bendición.

Pero, en medio de ese éxito, cuando todas las cosas marchan bien, existe un enemigo silencioso que no ataca con espada, sino con una almohada de plumas, no viene con rostro de amenaza, sino con la máscara de la seguridad, ese enemigo es la satisfacción.

Estamos preparados para la batalla, sabemos cómo clamar a Dios cuando nos falta el dinero, cuando la iglesia está vacía o cuando la enfermedad toca la puerta, pero, ¿sabemos cómo mantener el fuego encendido cuando todo va bien? el peligro de la satisfacción no es que perdamos lo que tenemos, sino que dejemos de ser quienes somos en Dios.

Es necesario diferenciar entre dos conceptos que a menudo confundimos: el contentamiento y la complacencia.

El apóstol Pablo nos enseña sobre el contentamiento (Filipenses 4:11), es la capacidad espiritual de estar en paz y agradecidos, independientemente de las circunstancias externas, es una virtud activa que dice: "Dios es suficiente para mí".

La satisfacción, es una pasividad peligrosa, la satisfacción propia dice: "Ya he hecho suficiente; ya no necesito esforzarme más", mientras el contentamiento agradece a Dios por la provisión, la satisfacción comienza a olvidar de una manera sutil al Proveedor.

La Biblia nos advierte en Deuteronomio 8: “Cuídate de no olvidarte de Jehová tu Dios... no suceda que comas y te sacies, y edifiques buenas casas... y se enorgullezca tu corazón”, Moisés sabía que el desierto humilla, pero la abundancia prueba el carácter de una manera diferente, en el desierto dependemos de Dios por necesidad; en la abundancia debemos depender de Dios por elección, y esa es una disciplina espiritual mucho más difícil de mantener.

David se quedó

En 2 Samuel 11, David en lugar de ir a pelear las guerras, decidió "disfrutar" su éxito y quedarse en asas, "Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra... que David se quedó en Jerusalén".

David estaba en la cima de su éxito, había vencido a sus enemigos, el reino era próspero y seguro, La satisfacción le dijo que él ya no necesitaba estar en el frente de batalla; que se había ganado el derecho a la comodidad, y fue en esa ociosidad, en ese "bajar la guardia" fruto del éxito, donde encontró su caída más dolorosa.

El éxito nos vuelve vulnerables porque nos quita la sensación de urgencia, podemos caer en la trampa de operar en "piloto automático", la predicación se vuelve rutina porque "ya sabemos cómo hacerlo", la oración pierde su intensidad. 

Podemos descuidar a nuestros hijos, ya no prestarle atención a la esposa, descuidar el trabajo porque todo está marchando bien, el éxito puede hacer que nos relajemos en diferentes áreas de la vida, porque "todo está bajo control".

El éxito no tiene por qué ser nuestra tumba espiritual; puede ser nuestra plataforma de lanzamiento.

Una santa Insatisfacción

¿Cómo nos protegemos de este letargo? ¿Cómo disfrutamos las bendiciones de Dios (incluyendo las familiares, financieras y ministeriales) sin que estas nos adormezcan? La respuesta está en cultivar una santa insatisfacción.

Miremos a Pablo nuevamente, un hombre que había fundado iglesias, visto milagros y recibido revelaciones inefables, si alguien podía decir "ya llegué", era él, sin embargo, en Filipenses 3:12 declara: "No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo...".

La clave para vencer la satisfacción es entender que el éxito actual no es el destino final, es solo una parada para el siguiente nivel.

  • Redefine el Éxito: Si ves el éxito como una meta (llegar a la cima), te sentarás apenas llegues: si ves el éxito como mayordomía (se me ha dado más para gestionar más), entonces el éxito aumenta tu responsabilidad y tu dependencia de Dios, en el mundo de las inversiones, cuando se obtiene una ganancia, el sabio no se la come toda; la reinvierte para una ganancia mayor, en el Reino es igual: la bendición de hoy es la semilla del avivamiento de mañana.

  • Mantén la "Mentalidad de Aprendiz": Nunca dejes de investigar, de aprender, de maravillarte, el día que creemos que ya sabemos todo sobre la Biblia o sobre el liderazgo, hemos comenzado a morir, pídele a Dios que te renueve el asombro.

  • Busca Nuevos Montes: Caleb, a los 85 años, no pidió un retiro cómodo. Dijo: "Dame este monte", la satisfacción se muere cuando tenemos una visión que es más grande que nuestra comodidad actual, no te quedes en la zona de comodidad.

Conclusión

Si hoy estás viviendo un tiempo de bienestar, ¡gózate! no te sientas culpable por la bendición, Dios te ha honrado, pero despierta, no permitas que la bendición se transforme en maldición, en algo que te mantiene atrapado sin avanzar, o con los sueños muertos.

El peligro no es tener éxito; el peligro es creer que el éxito es tuyo.

Preséntate ante Dios con una ofrenda de gratitud y una oración valiente: "Señor, gracias por lo que has hecho, pero no me dejes estar mucho tiempo en este lugar, no permitas que me enamore de la comodidad, mantén mi espíritu alerta, mis ojos abiertos y mi corazón ardiendo, si tú tienes más para dar, yo tengo más vida para servir, no he terminado, apenas estoy empezando."

Que el éxito sea el piso sobre el cual te paras para alcanzar alturas mayores en el espíritu, y no el techo que limite tu visión. ¡Adelante, que lo mejor está por venir!

Aplicación práctica

  • No me sentiré satisfecho con el éxito.
  • Estaré dispuesto a salir de la zona de comodidad.
  • No es MI éxito, es de Dios.
  • Este éxito es temporal (al igual que las pruebas), Dios tiene algo más para mi vida.


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Dios te bendiga

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