Mis palabras son manantial de vida
Santiago nos advierte que la lengua es un fuego, un mundo de maldad, un mal que no puede ser refrenado, llena de veneno mortal, existe una perspectiva que a veces pasamos por alto.
Si la lengua tiene tanto poder para destruir, también tiene poder tiene para construir cuando está bajo el dominio del Espíritu Santo.
No nos centraremos en el incendio que quema el bosque, sino en el fuego que da luz en la oscuridad, vamos a redescubrir el poder de tu lengua para impartir vida, dirección y esperanza.
Santiago 3:3-4 "He aquí nosotros ponemos freno en la boca de los caballos para que nos obedezcan, y dirigimos así todo su cuerpo. Mirad también las naves; aunque tan grandes, y llevadas de impetuosos vientos, son gobernadas con un muy pequeño timón..."
Santiago utiliza dos imágenes: el freno del caballo y el timón del barco, lo interesante de estas dos analogías no es el tamaño del objeto, sino su función: ambos sirven para dirigir.
Imagina tu vida, tu ministerio o tu familia como ese gran barco, a veces, los vientos de las circunstancias son fuertes, hay tormentas económicas, crisis de salud o conflictos interpersonales, en medio de esa inmensidad, Dios te ha entregado un "pequeño timón": tu boca.
Significa que, aunque no puedas controlar el viento ni el mar, no puedes controlar lo que te rodea, puedes cobtrolad la dirección de la nave, cuando declaras la bondad de Dios en medio de la prueba, estás girando el timón hacia un puerto seguro, cuando hablas fe en lugar de temor, estás corrigiendo el rumbo de tu familia.
No subestimes tus palabras, es probable que parezcan insignificantes frente al tamaño de tus problemas, pero son el mecanismo que Dios usa para dirigir "tu mente" hacia Su voluntad.
Santiago nos advierte que "un gran bosque se incendia con una pequeña chispa", generalmente, leemos esto y pensamos en el chisme o la crítica, pero, si una palabra hiriente puede desanimar a una persona, una palabra de aliento tiene el poder de sanar un corazón y darle una dirección.
Piensa en las veces que alguien te dijo: "Creo en ti", "Veo a Dios en tu vida" o "No te rindas", esas pequeñas chispas encendieron tu ánimo, alentaron tu llamado restauraron tu interior; tú tienes ese mismo poder en tus labios.
Sé el incendiario de la gracia, provoca "incendios" de esperanza donde vayas, que cuando salgas de una habitación, la atmósfera haya cambiado porque tus palabras edificaron a los que estaban presentes.
Santiago 3:11 "¿Acaso alguna fuente echa por una misma abertura agua dulce y amarga?"Santiago muestra la incoherencia de bendecir a Dios y maldecir a los hombres, pero también admite que "ningún hombre puede domar la lengua".
Si dependiera de nuestra fuerza de voluntad, estaríamos perdidos, pero lo que el hombre no puede domar, Dios lo puede transformar.
La solución no es intentar "apretar los dientes" y cerrar la boca por fuerza bruta, la solución es sanar la fuente, cuando Santiago habla de la fuente, nos recuerda que la boca es solo el canal; el corazón es la fuente, porque de la abundancia del corazón habla la lengua.
Dios no quiere simplemente ponerte una mordaza; Él quiere endulzar tu agua, Él está trabajando en las en tu carácter, para que lo que flu
No te desanimes si todavía luchas con palabras que no edifican, Dios está trabajando en cambiar la fuente para que de nuestra boca salga agua que de vida.
Santiago 3:18 "Y el fruto de justicia se siembra en paz para aquellos que hacen la paz."
Tus palabras son semillas, cada vez que eliges una respuesta amable ante un insulto, estás sembrando, cada vez que eliges la verdad en lugar de la adulación, estás sembrando, cada vez que consuelas al triste, estás sembrando.
A veces parece que nuestras palabras caen en tierra estéril, hablamos amor y recibimos indiferencia; aconsejamos con sabiduría y vemos necedad; pero la promesa es clara: hay una cosecha.
No te canses de hablar vida, no te canses de predicar esperanza, no te canses de aconsejar con la Biblia, estás sembrando un fruto de justicia que, a su tiempo, segarás si no desmayas.
Conclusión
Santiago 3 está ahí para mostrarnos lo poderosa que es nuestra lengua para edificar, cuando está en manos del Espíritu de Dios.
Levántate con la certeza de que Dios ha ungido tus labios para dar vida.
- Eres un capitán que, con la ayuda de Dios, puedes girar el timón hacia tu bendición.
- Eres un portador de fuego que puede encender la fe en otros.
- De tu lengua salen palabras de vida
- Si no tengo nada bueno que decir, me quedaré callado.
- Seré intencional en hablar palabras que bendigan a los que me rodean
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Dios te bendiga

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