La pirámide de cabeza
Marcos 10:42-45 "42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros, sino que el que quiera hacerse grande entre vosotros será vuestro servidor, 44 y el que de vosotros quiera ser el primero, será siervo de todos. 45 Porque el Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir, y para dar su vida en rescate por muchos."
Desde que somos pequeños, la cultura nos el éxito que se parece a una escalera o a una pirámide, nos enseñan que la vida se trata de subir, subir de notas en la escuela, subir de puesto en el trabajo, subir de estatus social, subir de influencia; subir, subir y seguir subiendo.
Todo el esfuerzo se centra en llegar a la cima, porque se nos ha vendido la idea de que el aire es más puro allá arriba, nos enseñan que el poder consiste en cuántas personas tienes debajo de ti, sirviendo a tus propósitos, es un sistema basado en la extracción: extraemos valor de los demás para inflar nuestra propia importancia.
Vivir de esa manera trae consigo una ansiedad silenciosa, el que está arriba vive con el miedo constante a caer, vigilando su espalda, protegiendo su "trono", con temor de que cualquiera le serruche el piso, el que está abajo vive con la frustración y la envidia, este modelo crea distancia, soledad, nos desgastamos tratando de mantener una imagen, una posición, un título.
Pero Jesús nos dice algo diferente:
Marcos 10:42-43 "Marcos 10:42-45 "42 Mas Jesús, llamándolos, les dijo: Sabéis que los que son tenidos por gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes ejercen sobre ellas potestad. 43 Pero no será así entre vosotros"
"Pero no será así entre vosotros". Esta frase es un desafío, Jesús no vino a sugerir una mejor manera de administrar la pirámide; Él vino a invertirla por completo, el Reino de Dios es un Reino al revés (o mejor dicho, es el único Reino que está al derecho en un mundo que está de cabeza), en el cielo, la grandeza no se mide por cuántas personas te sirven, sino por a cuántas personas sirves, no se mide por la altura de tu posición, sino por la profundidad de tu compasión.
Aquí está la paradoja del liderazgo, descender en servicio no es humillación, es la máxima expresión de dignidad. Pensemos en la escena del Aposento Alto, Jesús, sabiendo quien era, no usó su autoridad para exigir un trono, se quitó el manto, tomó una toalla y se ciñó, El Rey del Universo se arrodilló para lavar los pies de sus amigos (y del traidor).
El mundo te dice: "No te rebajes, mantén tu postura", El verdadero liderazgo de dice: "No hay lugar demasiado bajo si es para levantar a mi hermano".
En el mundo, la gente obedece porque tiene que hacerlo; hay salario, hay temor al castigo, pero en el liderazgo de servicio, la gente sigue al líder porque quiere hacerlo, se genera una lealtad nacida del amor y la gratitud, no es por obligación.
Imagina por un momento el alivio que traería a tu vida dejar de defender tu "posición", imagina la libertad de saber que tu identidad no está en tu título de "Pastor", "Gerente" o "Director", sino en tu función de siervo, la toalla es mucho más ligera que la corona, la corona pesa, la corona exige equilibrio, la corona aísla, la toalla, en cambio, es flexible, útil y nos conecta con la necesidad del otro.
Sólo los valientes sirven
A veces pensamos que el siervo es débil, que carece de carácter, nada podría estar más lejos de la verdad, se requiere una gran fuerza interior, una seguridad inquebrantable en quién eres en Cristo, para poder servir sin sentir que estás perdiendo algo.
Solo alguien que sabe que es un Hijo Amado de Dios puede tomar la toalla sin miedo a perder su dignidad, Jesús pudo lavar los pies de los discípulos precisamente porque Él sabía quién era, su identidad no estaba en juego.
La invitación de Jesús hoy es: Suelta el peso de la jerarquía, no tienes que impresionar a nadie, no tienes que mantenerte en la cima de la pirámide a la fuerza, tienes permiso para ser humano, tienes permiso para agacharte, tienes permiso para servir.
Conclusión
El camino hacia arriba es hacia abajo; si quieres tocar el cielo, tienes que estar dispuesto a tocar el polvo de la tierra para ayudar a otros.
La jerarquía del mundo termina en la tumba: los títulos se quedan aquí, las posiciones se olvidan, pero el servicio es eterno, cada acto de amor, cada momento en que elegiste el bienestar del otro por encima de tu comodidad, cada vez que usaste tu influencia para proteger y no para explotar, eso resuena en la eternidad.
Recuerdo muy bien a mi antigua jefa Q.E.P.D., no la recuerdo por cómo era como jefa, ni por el cargo o por los títulos que ella tenía, la recuerdo con cariño y agradecimiento porque me dio un servicio que impacto mi vida en gran manera, aún sin que yo la conociera y ella sin recibir ningún beneficio; ella intercedió para que me contratarán, ese servicio quedó grabado en mi corazón y agradezco a Dios por su vida; tal vez muchos ya ni la recuerdan, sus títulos, sus cargos, sus bienes quizá se perdieron... pero ese servicio trascendió su muerte.
No busques ser el jefe a quien todos temen; busca ser el servidor a quien todos respetan y aman, porque al final del día, la única autoridad que perdura no es la que se impone desde arriba, sino la que se otorga desde abajo, por corazones agradecidos que han sido tocados por tu amor.
Aplicación práctica
- No seré un líder que impone, seré un líder que esté dispuesto a ayudar.
- Buscaré el amor y respeto, antes de buscar el miedo y la imposición
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Dios te bendiga

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