Cuando el cielo calla



Salmos 139:7-8 "7 ¿A dónde me iré de tu Espíritu? ¿Y a dónde huiré de tu presencia? 8 Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás."

Amamos al Dios que habla con truenos, que abre el Mar Rojo, que envía fuego del cielo ante la oración de Elías y que responde nuestras peticiones casi antes de que terminemos de orar,  que concede las peticiones de nuestro corazón, nos gozamos con los "sí" de Dios; Pero hay otra cara de nuestra relación con Él que no nos agrada, aunque es importante para nuestra madurez: son esos tiempos de silencio.

Existe un momento en la vida de todo creyente donde el cielo parece de bronce, oramos y la única respuesta es... el silencio, buscamos dirección y solamente hay confusión, pedimos alivio y el dolor persiste, oramos por sanidad y no pasa nada, el silencio se siente como un abandono de parte de Dios.

El silencio de Dios no es sinónimo de Su ausencia. Su silencio es un cambio de estrategia.

1. Cambiando la perspectiva del Silencio

Cambiemos nuestra perspectiva sobre el silencio, muchas veces lo interpretamos como un vacío, como la "nada", pero para Dios, el silencio es es una herramienta para probar nuestra madurez en la fe.

Ejemplo: un maestro durante un examen importante, mientras el estudiante está haciendo la prueba, el maestro está en silencio, observando lo que su estudiante hace; el maestro permanece en el aula... pero está en silencio, no porque no le importe el estudiante, sino que está presente, supervisando el proceso. El maestro sabe que si le da las respuestas, el propósito del examen ya no es válido: comprobar qué ha aprendido el estudiante y fortalecer su capacidad.

El profeta Isaías entendió esta naturaleza misteriosa de Dios: “Verdaderamente tú eres Dios que te encubres, Dios de Israel, que salvas” (Isaías 45:15), a veces, Dios se "encubre" no para esconderse de nosotros, sino para trabajar en nosotros de una manera que el ruido de una respuesta inmediata no permitiría.

El silencio no es el fin de la comunicación; es un nivel más profundo de esa comunicación, es el momento donde Dios deja de hablarnos al oído para empezar a hablarnos al corazón, forzándonos a afinar nuestro oído espiritual.

2. No estas sólo

Si estás atravesando un desierto de silencio, siéntete honrado, estás en excelente compañía, la Biblia no nos oculta la realidad de la espera, esa espera que muchas veces causa ansiedad.

David, el hombre conforme al corazón de Dios, él no siempre vivió en victoria, tuvo sus momentos de derrota, en el Salmo 13:1, su clamor es triste: “¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro de mí?”, David experimentó la sensación de ser invisible para Dios, sin embargo, en ese silencio forjó el carácter del rey más grande que tuvo Israel.

En los 400 años de silencio entre el Antiguo y el Nuevo Testamento, 4 siglos sin profetas, sin nuevas escrituras, parecía que Dios se había olvidado de Su pacto, pero en ese silencio, Dios estaba preparando el escenario político, cultural y lingüístico para la llegada del Mesías, el silencio más largo de la historia precedió al milagro más grande de la historia: la llegada de Jesús.

El silencio no es una señal de que algo salió mal; es la señal de que algo importante está a punto de suceder.

3. El Propósito del Silencio

¿Qué está haciendo Dios cuando calla? Y más importante, ¿Qué deberíamos hacer nosotros? El silencio tiene el propósito de hacernos madurar en la fe.

Una fe que sólo funciona cuando recibe respuestas instantáneas es la fe de un niño pequeño, Dios nos ama demasiado como para dejarnos ser niños, el quiere que crezcamos y seamos maduros.

El silencio nos obliga a movernos de las experiencias con Dios a la confianza en el carácter de Dios; nos encanta sentir Su presencia, pero cuando el calla debemos tener fe que Él todavía sigue allí, es fácil adorar cuando las bendiciones fluyen, es fácil levantar las manos y cantar coritos cuando todo está bien; la verdadera fe se demuestra cuando adoramos en las crisis de la misma manera que lo hizo Job (Job 1:20).

Durante el silencio, nuestras raíces se ven obligadas a profundizar en busca de agua, si toda el agua estuviera en la superficie (respuestas fáciles), nuestras raíces serían superficiales y la primera tormenta nos derribaría. El silencio te está haciendo fuerte e inquebrantable.

4. Estrategias para los tiempos de silencio

¿Cómo podemos sobrevivir a esos periodos de silencio?

  • Activa la Memoria de la Fidelidad: Cuando el presente es confuso, mira al pasado, recuerda todas las veces que Dios ha sido fiel, recuerda todos los milagros de Dios, recuerda que Dios nunca te abandonó, el Dios que te sostuvo ayer es el mismo Dios de hoy; el Dios de los milagros de ayer no ha cambiado y puede hacer un milagro hoy.

  • Aférrate a la Última Orden: Si estás en silencio ahora, sigue haciendo lo último que Dios te dijo que hicieras, mantente fiel en lo básico: la oración, la lectura de la Palabra, el servicio, la integridad, la obediencia continua en medio del silencio es un acto de guerra espiritual de alto nivel.

  • Adora por Quién es Él, no por lo que Hace: Decide alabarle aunque no entiendas. Como Habacuc, que determinó que aunque no floreciera la higuera ni hubiera vacas en los corrales, “con todo, yo me alegraré en Jehová, y me gozaré en el Dios de mi salvación” (Habacuc 3:18). La adoración en el silencio es el sacrificio más fragante.

Conclusión

El silencio de Dios es una prueba, sí, pero no es una trampa, Él está trabajando en tu carácter para que puedas soportar el peso de la gloria que viene.

Hasta el mismo Jesucristo pasó por el silencio de Dios Padre, fue cuando clamó en la cruz: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?", y el cielo guardó silencio. Jesús experimentó el verdadero abandono del Padre para cargar nuestro pecado, para que tengamos vida eterna.

Salmos 27:14  “Espera en Jehová; Esfuérzate, y aliéntese tu corazón; Sí, espera en Jehová.”

Aplicación Práctica

Si estás pasando por esos momentos de silencio:

  • Recuerda lo que Dios hizo en el pasado, esto te fortalecerá.
  • Adora a Dios por lo que Él es, no por lo que recibes de Él.
  • Permanece fiel a Dios, en la oración, lectura, servicio.
  • No te rindas porque a su tiempo verás la gloria de Dios


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Dios te bendiga

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